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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

Ejemplar venganza antropoide

A pesar de vivir la continua moda de adaptaciones y €˜remakes€™, la ejemplar cinta de Rupert Wyatt resiste a sus predecesoras y abre la esperanza a la calidad de este tipo de productos €˜mainstream€™.

Uno puede llegar a pensar que la moda del €˜reboot€™ y el €˜remake€™ se agota en el mismo instante en que la redundancia planea sobre los proyectos que emergen como formulismos comerciales de temporada. Esta revisión de la saga iniciada en 1968 con el clásico €˜El planeta de los simios€™, de Franklin J. Schaffner, en apariencia, podría parecer otra de esas tentativas oportunistas con el fin de explotar un filón eclipsado por su antigua estrella original. En cierto modo, no deja de serlo. Sin embargo, existen casos ejemplarizantes que convocan la sorpresa con un designio revitalizador que va más allá incluso del puro entretenimiento y del folletín científico con efluvios del €˜Frankenstein€™ de Mary Shelley que supuso esta tradición simiesca. Lo cierto es que €˜El origen del Planeta de los Simios€™ deroga la enflaquecida perspectiva que ofreció la versión de Tim Burton y apuesta por la dignidad de una iniciativa estimulante que, al igual que sus predecesoras, emplaza una cuestión de fondo crítico con la sociedad de nuestros días, sobre unos cimientos fantásticos y aleccionadores acerca los riesgos del desacierto y la desorientación mundial. La cinta de Rupert Wyatt refleja, con esa mutación de los monos en amenaza contra el bienestar del mundo desarrollado, un contexto ficticio y desasosegante al que está avocada la humanidad, un abismo de miedos y admoniciones que enclavan con cierta puntería la realidad que nos rodea.

De eso trata, en definitiva, esta sensacional película de verano. Wyatt parece no estar condicionado ni tener deudas con ninguna de sus antecesoras (aunque haya pequeños guiños de nomenclaturas y referencias constantes), por lo que encuentra su virtud en una inesperada libertad que reinventa el espíritu del mensaje de la obra de Pierre Boulle, tratando al espectador con respeto y creando cine de evasión desde la inteligencia para cuajar un €˜reboot€™ con dignidad y pulso de cadencia torrencial, pese a camuflar cierto maniqueísmo en la transformación de ese doctor ambicioso en activista contra su propio descubrimiento. A destacar, por tanto, la abrumante reinvención de un €˜thriller€™ que inquieta y escudriña sus posibilidades meciéndose entre géneros como la ciencia ficción y la acción de esencia científica que recobra el mensaje sobre los riesgos a los que conlleva jugar a ser Dios para confluir en un inevitablemente castigo y venganza antropoide debido a la soberbia del ser humano. Una fantasía apocalíptica y dramática que gira al alrededor de la avaricia corporativa, la ingeniería genética, la compasión humana, el maltrato de animales o el amor paterno filial que incluso llega a hacer olvidar sus predecesoras en sus variables formas dentro del discurso sobre el cuestionamiento del fin de la humanidad y el constante desafío de jugar con las leyes naturales que sugestiona la rebelión social y los ataques a los sistemas autocráticos. €˜El origen del Planeta de los Simios€™ es una fantástica propuesta veraniega, mucho más solemne y loable de cuantas superproducciones comerciales llevamos en 2011.

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