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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

ÂżHacia dónde camina el cine contemporáneo?

Reflexión acerca de los cauces del cine comercial moderno; la réplica, la secuela o la resurrección de películas que apenas hace una década ya fueron concebidas como adaptaciones es lo que se lleva en Hollywood.

Metidos en la segunda década del nuevo milenio, las diferentes artes han tomado nuevos rumbos que se hasta hace pocos años se desconocían. Es pronto para valorar o conjeturar toda la evolución que las rodea, sobre todo en el ámbito cinematográfico, que se ha visto alterada, y de qué manera, por la irrupción monopolista de los efectos especiales como síntesis de la época en que vivimos. Llevamos unos cuantos meses, (concretamente, todo este año 2011 -sin duda alguna, el peor de cuantos se recuerdan-), en el que la diversificación de géneros se escuda en la revisión, en la sobreconceptualización del €˜remake€™ y en el reformulismo que si bien no clarifica la situación venidera del cine comercial americano, sí ofrece un perfil acerca de hacia dónde puede progresar el cine contemporáneo en un periodo a muy corto plazo.

Intentar elevar a una condición de acontecimiento vaticinador la constante genérica que parece haber adoptado la industria norteamericana para crear filmes de 'ver y olvidar' podría llevar a afirmar que el cine moderno está anquilosado y debilitado. ÂżEs cierta esta aserción? Echando un vistazo a todo lo que nos ha llegado este año de Estados Unidos, podría ser perfectamente asumible.

La dirección actual parece enfocarse al divertimento espectacular cimentado fundamentalmente en la infografía y el 3D, cada vez más implantado en las grandes superproducciones y sueño eventual de las industrias foráneas que siguen como pueden tales modas. No obstante, la gran rémora para sostener una posible visión de futuro más optimista es que este arte se ha alimentado a lo largo de su historia de modas transitorias que hacen muy complejo profetizar cuál es el camino a seguir por parte de los géneros que van y vienen con carácter retroactivo.

El rumbo por el que, en estos momentos, circula el cine americano (con alguna que otra excepción, por supuesto) se antoja excesivamente pueril. Esperemos que todo sea una transitoria propensión hacia este afán del €˜revival€™, de lo transcrito y de lo visto o de una resurrección unida a un despegue innovador de los habituales géneros, como lleva sucediendo hace años con otros muchos, en los cuales muchos grandes filmes han repescado la consubstancialidad de sus antecesores para hacerse un hueco en la actualidad, aunque es cierto que al final se han quedado como una volición con pocas expectativas de futuro. Como en nuestro día a día, estamos sumidos en la tecnología y el desapego por las fórmulas clásicas.

Y lo nuevo deja de ser divertido en el momento en que se convierte en una rutina. Restringiendo el cine de animación y su pluralidad revolucionaria con la introducción de avanzadas técnicas, que ha sabido poner tanto adelanto al servicio de la calidad de sus productos y transformar el género en una competitiva pugna comercial y eficaz, parece que en el resto de productos con objetivos mercantiles se ha hipertrofiado en la significación de efectos especiales y demás trucos ópticos generados por ordenador a los cuales se les está dando una trascendencia y magnificencia descomedida.

Pero no seamos agoreros. Aunque el cine se vea devorado por los efectos especiales y los €˜remakes€™, al menos se preservará por otras alternativas representadas en el cine de culturas ajenas a Hollywood. Samuel Fuller dijo €œen cien años el cine no ha tenido la posibilidad de ofrecer ni la mitad de lo que se puede conseguir€. Cada vez son menos las alternativas. Lo que es seguro es que, como todo en esta vida, los ciclos terminan, caducando para abrir una nueva esperanza. Esperemos que así sea.

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