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Blog Félix Oliva

Tribuna de Salamanca

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En unos pocos días acabará una legislatura que también ha tenido su efecto en la movilidad. Las restricciones medioambientales han tenido mucho que ver en las medidas que se han tomado, pero también el parecer de la Dirección General de Tráfico y su ‘popular’ director, Pere Navarro, que ha hecho balance de los años que lleva al frente de las cosas del tráfico ahora que lo deja, porque él mismo ha dicho que no se ve con otros colores que no sean los de su valedor, Alfredo Pérez Rubalcaba. Por si las moscas, Navarro ha hecho un balance en su estilo.
Las cifras de la siniestralidad. El documento, que recoge la realidad de los accidentes de tráfico en España el último año completo, ha visto la luz esta semana con un nuevo balance positivo: un 9% menos de muertos que en 2009 y un 55% menos que hace una década. Lo he dicho muchas veces, pero no me importa repetirlo: los números convierten a Navarro en un héroe. Las políticas con las que la DGT lo ha conseguido son suyas, puntos y radares mediante, así que nada que decir. Eso sí, él sabe que tiene asignaturas pendientes: motos, peatones, mayores de 65 años, carreteras secundarias… son el ajuste fino que le queda al tráfico español ahora que se ha completado el trabajo de bulto.

Velocidad. Es lo que peor nos entra en la cabeza, así que ha sido el objeto de las iras de Navarro en su despedida. Lamenta que no se haya aprobado el límite a 30 km/hora en ciudad (Madrid y Barcelona estaban conformes), que no se haya podido unificar a 90 km/hora la velocidad en carreteras secundarias (aquello de que los conductores se liaban con la medida de los arcenes…); y en el lado contrario, nada de velocidad variable en función de las condiciones de la vía, descartado un aumento a 130 km/hora en carretera, más inversión en radares…

Movilidad urbana. Por sorpresa, el Ministerio de Medio Ambiente ha aprobado la nueva ley de calidad del aire que incluye la posibilidad de restringir el acceso a los centros urbanos de los coche más contaminantes, etiquetándolos con colores en función de sus emisiones. Esto dejaría fuera primero a los más veteranos, pero en pocos años restringiría los núcleos de las ciudades a eléctricos (siempre), híbridos y tecnologías muy, muy limpias. No parece que los ayuntamientos parezcan dispuestos a aplicar una medida que, además, tiene numerosas complicaciones: impuesto de circulación, carga y descarga, restricciones especiales… Eso sí, puede que fuera el paso definitivo para cambiar nuestra manera de desplazarnos, con más transporte colectivo, más bicicletas, fin de la manía de llegar hasta la puerta de cada comercio en nuestro vehículo particular…

Ideas poco brillantes. Algunas fueron abortadas a las primeras de cambio y otras, afortunadamente, se quedan en el camino con el final de legislatura. Entre las peores, la del conductor acompañante, una figura similar a la que existe en Francia con la que menores pueden conducir mientras lleven a un turo consigo. Tampoco ha sido perfecta la implantación de los nuevos niveles del carné de conducir de motos; no pasa nada con mejorar la formación, pero eso le hace falta también a muchos conductores de turismos y no se hace… Aún así, la altísima siniestralidad de España hacía obligatorio tomar medidas, y se ha hecho. A ver qué nos espera ahora: en esto, el nuevo equipo de Gobierno no lo va a tener tan fácil.

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