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El municipio, escuela de democracia

Por Luis F. Arranz Miguel, candidato a las elecciones municipales por GANEMOS SALAMANCA

​La educación de un niño empieza en la familia. Esto lo creemos, no porque lo digan los pedagogos, sino porque lo refrendan nuestro sentido común y nuestra experiencia. Difícilmente vamos a obtener una persona socialmente presentable si su entorno familiar no cree y no transmite con el ejemplo cotidiano el conjunto de valores y actitudes que todos identificamos con la buena educación, las buenas maneras y costumbres.

 

De la misma forma, la educación del ciudadano en el ejercicio y buen uso de la democracia empieza en el ámbito más próximo de la convivencia ciudadana: el municipio. En esta institución cercana, la primera con la que el ciudadano entra en contacto, es donde éste va a aprender la manera de actuar y de comportarse con sus vecinos. Si el aprendizaje es bueno, sano, enriquecedor para la persona, es porque el trato que ha recibido de sus vecinos ha sido igualmente sano y enriquecedor. Los que hemos tenido la fortuna de disfrutar de esa experiencia –generalmente porque hemos pasado nuestros primeros años en pequeños pueblos donde la convivencia y la solidaridad eran necesarias e inevitables- sabemos a qué me refiero. ¡Cómo se quiere al pueblo de uno!

 

Pero en las ciudades más grandes el perfil de las personas se desdibuja bastante. Y en las grandes urbes, desaparece casi por completo. En estos casos, el municipio, en lugar de ser un ámbito de convivencia, una tribu, una escuela de vida para el ciudadano, se convierte a menudo en un campo de batalla donde a cada uno le irá en función del lugar que ocupe en la refriega y de sus posibilidades de hacerse con una porción mayor o menor del botín. Los que se encuentren más expuestos, perecerán. Los que se hallen más alejados en el momento del saqueo, sólo recogerán las migajas, o nada. Mientras que aquellos que ocupaban las mejores posiciones, las más protegidas y las más próximas al botín, saldrán bien librados y se quedarán con la parte del león.

 

El municipalismo que estamos sufriendo en España es un municipalismo opaco, tramposo, caciquil y centrífugo, que despide a los sectores de población más incómodos, más molestos, más empobrecidos y desarraigados del municipio hacia la periferia, tanto urbana como social, donde son menos visibles y sus condiciones de vida empeoran continuarán empeorando.

 

Nosotros queremos acabar con ese modelo de municipio en el que los que gobiernan lo hacen a espaldas de la ciudadanía, utilizando la representatividad que han obtenido en las urnas para arreglar sus negocios y los de sus amigos, para aderezar sus privilegios y tejer una red de amigos, clientes y padrinos que les perpetúe en el poder y les enriquezca lo más deprisa posible. Establecidos en las ciudades unos servicios mínimos que vienen ya funcionando con mayor o menor eficacia desde hace siglos y que son imprescindibles para evitar el caos, una gran parte de los ediles tradicionales hacían de su capa un sayo y se alejaban cada vez más de los intereses de la ciudadanía para centrarse en los propios, hasta que la codicia rompía el saco y todo quedaba en evidencia. Con el bipartidismo, eso solía significar que durante unos años tendrían que dejar el puesto a los otros, que repetirían la secuencia. Y la ciudadanía contemplaría esta alternancia truculenta entre la indiferencia y el estupor, convencidos de que las cosas no podrían ser de otro modo. Con un poco de suerte, el que viniera después sería menos malo.

 

Pero hay otra manera de hacer las cosas. Nosotros entendemos el municipio, no solo como un órgano de administración y gestión, sino como una escuela de democracia, donde todos vayamos aprendiendo el significado profundo de ese concepto tan antiguo (y tan adulterado que habíamos dejado ya de reconocerlo) y por medio del cual, además de aprender a identificar y a reclamar lo que nos conviene y nos corresponde por derecho y por justicia, aprendamos a defenderlo, para que no nos lo vuelvan a quitar.

 

La municipalidad que proponemos tiene su origen en una asociación de electores libremente propuestos y libre y democráticamente validados. Nos agrupamos en torno a un proyecto de gobierno que ha sido elaborado a partir de las propuestas de los propios vecinos, con aportaciones de gente experta que comparte esta manera de hacer política municipal.

 

Nos hemos dotado de un código ético muy riguroso que constriñe los actos de los representantes elegidos a lo estrictamente aprobado por los que nos votaron en un proceso de democracia participativa y asamblearia. En todo momento, las bases (vecinos, movimientos sociales, colaboradores activos) estarán vigilando que no malinterpretemos por error su voluntad y nos empeñemos en construir un aparcamiento subterráneo privado o una plaza de toros, cuando lo que la ciudadanía necesita y desea es una guardería, un bulevar, un parque o un aparcamiento gratuito en superficie, por poner un ejemplo.

 

Renunciamos (no rechazamos) a los partidos políticos, para así alcanzar una mejor relación entre gobernantes y gobernados, que es la clave de la democracia. Nos apartamos voluntariamente de las ideologías estructuradas, del pensamiento ortodoxo y único y de la organización y la disciplina piramidales.

 

Deseamos que nuestra ciudad ofrezca a todos igualdad de oportunidades, pero que se ocupe con un celo especial de los más vulnerables: los que perdieron su salud o su vigor físico; los que perdieron su casa, su trabajo, su esperanza. Lucharemos por devolver el bienestar, el empleo y la dignidad a nuestros barrios. Favoreceremos que niños, jóvenes y viejos se encuentren en los parques, que lo serán de verdad, como corresponde a la ciudad verde y sostenible que queremos crear, en la que no se plantarán árboles para vender casas, sino para crear y congregar vida.

 

Pondremos a punto las herramientas necesarias para que sea la ciudadanía la que establezca las prioridades y preferencias a la hora de establecer las partidas de gasto municipal dedicadas a mejorar el bienestar de nuestros barrios. Nadie sabe mejor dónde le aprieta el zapato que el que lo lleva puesto. Y en todo momento, nuestras actuaciones políticas, económicas y de gestión, se harán de cara a la ciudadanía, con total transparencia y podrán ser observadas y seguidas por aquella en todo momento a través de procedimientos de consulta y observación tradicionales y digitales.

 

Fomentaremos la creación de empleo social, relacionado con las verdaderas necesidades de nuestro comercio, de nuestros emprendedores y de nuestra Universidad -especialmente en el campo de la investigación y el desarrollo tecnológico- para que nuestros cualificadísimos jóvenes no se vean obligados a expatriarse para vender su fuerza de trabajo y su valía profesional en países donde no serán justamente reconocidos ni pagados.

 

Trabajaremos para crear una Salamanca más verde, más limpia, más amable con los transeúntes. Procuraremos que un transporte público eficiente y ecológico y las bicicletas vayan reemplazando paulatinamente al coche particular en el centro de nuestra ciudad. Recuperaremos las riberas del Tormes como núcleo de esparcimiento y encuentro  ciudadano y habilitaremos espacios en varias zonas de la ciudad para el cultivo de pequeños huertos urbanos.

 

Garantizaremos que las decisiones que se tomen desde el Ayuntamiento representen los intereses, las necesidades y la voluntad de todos los vecinos de Salamanca y no los de quienes tienen el poder financiero y empresarial, que podrán continuar con sus negocios y obsesión por el enriquecimiento, si así lo desean, pero sin traspasar los límites de la legalidad y del buen gobierno.

 

Si tú también compartes esta manera de hacer política municipal; si tú mismo o tú misma te implicas y te decides a hacer política y empiezas a tomar parte, con voz y voto, sin necesidad de carné ni juramentos de fidelidad a ningún credo ni a ningún pope, solo con la voluntad de hacer de Salamanca una ciudad más justa, más limpia, más habitable y más próspera para todos, es fácil que GANEMOS.

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