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Blog de Félix Rodríguez

Tribuna de Salamanca

'Street Art': el muro nos llama

Durante siglos los estados han hecho todo lo posible por hacer desaparecer este fenómeno social. ÂżSólo por eso no se merece entonces una reflexión?

El 'street art' es un diálogo furtivo entre ciudadanos, es una comunicación marginal. La sociedad no acaba de simpatizar con este movimiento, cuesta entenderlo, y parte de esa 'desconfianza' viene dada por la propia imagen que el Estado proyecta de este tipo de arte. Los estados siempre se han reservado el uso de los muros de las ciudades, y es por eso por lo que un graffiti se revela como una amenaza sobre todos, por lo menos sobre aquellos que no se paran a contemplar su belleza.

El hecho, además, de que el estado nos vete el uso de este lienzo, es lo que hace que éste sea cada día bombardeado por pintadas y más pintadas, de manera incontrolable. Lo que hace al graffiti es el muro. Ya nos lo decía Roland Barthes. No es la inscripción, sino el muro. Una simple frase, un simple mensaje, escrito rápido y mal, se puede convertir en todo un icono, y eso depende del muro, de dónde se haya escrito ese mensaje.

Hay que conocer además que hay dos vertientes de street art (de las cuales me siento orgulloso de la segunda) y supongo que se entiende fácilmente el porqué. La primera vertiente es la americana y la segunda la europea. La primera vertiente, la americana, destaca por la plasticidad sobre el mensaje.

Tiene una parte increíble, que es la de la experimentación, pero para mi representa la expresión del 'YO', un 'YO' anónimo, por encima de la expresión de las ideas. Así pues este modelo se puede entender como la parte más pobre del graffiti, sin embargo está bastante lejos de ese pensamiento, ya que sus resultados se han exportado a todo el mundo, y es que la firma es la imagen principal, y todos seguro que hemos visto miles de firmas por la calle.

Âż'Street art'? Yo lo llamaría en la mayoría de casos 'expresión callejera', más que arte. Quizá por el respeto que le tengo a la palabra ARTE, y a todo lo que significa. Dejando esta primera visión americana del graffiti y del arte urbano, yo me quedo con la segunda. La segunda vertiente es la europea, que podemos decir que comenzó durante el mayo del 68 francés. En esta vertiente lo importante es el mensaje, el ingenio se sitúa en la elaboración verbal, y es la herencia del pensamiento filosófico, de la poesía, de la lucha del oprimido€Ś lo importante es el contenido.

Recuerdo las imágenes de París, de las universidades con cientos de carteles en las paredes, de las pintadas callejeras, de los lemas atemporales, de los puños en alto y los adoquines volando, dejando al descubierto la playa, metáfora del bienestar futuro por el que se luchaba, y por el que se creaba. El 'street art' formaba parte de eso, aunque nadie lo llamase así, quizá porque nadie lo llamaba de ninguna manera. No estaba etiquetado, porque la etiqueta bajo la que se encontraba y se sigue encontrando el street art es la etiqueta de la libertad de expresión (se entiende la falta de ella). La libertad de expresión también abarca el acceso a los medios de comunicación, y en este sentido las ideas encuentran en los muros de las ciudades un canal de expresión directo con el ciudadano y con el Estado.

Hoy en día esa comunicación visual que se experimenta al realizar una pieza de arte callejero, directa y clara, es la misma comunicación que utilizamos los publicistas. Las vallas publicitarias o cartelería que observamos a diario, casi inconscientemente, se colocan de manera que nuestro desplazamiento hace que al verlas sean comparables a un spot televisivo. La invasión forma parte del mundo de la publicidad, y hasta tal punto llega, que aquellos que están en contra de este tipo de funcionamiento acaban siendo invadidos.

No es complicado ver a artistas callejeros de reconocido prestigio, siendo contratados para campañas publicitarias por marcas, buscando así el hacerse con una parte de la sociedad menos concienciada en cuanto al tema del consumismo. Y yo como publicista (y en parte como artista), me alegro de ello. Me encantan las señoras que cuelgan las camisetas de sus hijos recién lavadas, y las planchan con pasión, camisetas en las que aparece un graffiti y que lo aceptan como tal, pese a que luego en la puerta de su casa no les guste verlo.

El arte tiene muchas caras, y el 'street art' es una de ellas. Hay que respetarla, no de manera oportunista (pongo el ejemplo de Donosti con una pintada que creían que era de Banksy y que ordenaron no 'limpiar'), sino de manera consciente. Saber mirar una obra hecha en la calle, porque es un acto de generosidad, una forma de compartir sin obligarte a pagar, una forma de hacer arte de manera efímera, y que sabes que puede desaparecer en cuanto lleguen los rastreadores del estado y la eliminen, como si viviésemos dentro de 1984 (la novela, no el año).

La belleza de un trazo, de una pintada, de un stencil, es de las cosas que deberíamos aprender a disfrutar, y también a registrar. Hace años, en NewYork, me sorprendí al andar por Wooster Street, una calle en el SoHo llena de arte en cada pared. Grandes murales de Banksy, carteles y pegatinas de Obey€Ś hoy en día me volvería a sorprender, seguro. La calle es un museo que nunca deja de recibir nuevos artistas y nuevos visitantes.

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