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Tribuna de Salamanca

Bésame mucho

Os iba a hablar esta semana del fin del mundo, pero al ver en la campaña de Benetton, a toda esa gente famosa pegándose €œmuerdacos€ no he podido por menos que compartir un tema que me tiene a mí muy mosca, ÂżA vosotros el primer beso con lengua que os dieron, os gustó? Porque a mí me pareció igual de asqueroso que el primer €œpiti€, debo decir en honor a la verdad, que hasta hace un par de años me fumaba lo que cayera en mis manos y con los besos€Ś pues un poco lo mismo.

Seguro que a ti también te temblaban las piernas, lo mío era miedo porque una amiga mía había leído en la Biblia de cualquier adolescente, el Súper Pop, que te podías quedar embarazada, y mira lo del hijo ya me daba un poco igual, que llevaba años cuidando Nenucos, pero solo por no escuchar a mi madre€Ś

A pesar de las dudas y con más miedo que vergĂźenza me entregué al placer€Ś Un momentito ÂżQué placer había en comerse un caracol sin casa? ÂżQué era aquel trajín? ÂżPor qué no movía la cabeza como en las películas? ÂżDónde estaba el abrazo protector? Y lo más importante si aquello eran los preliminares que sería de mí cuando llegara €œlo gordo€ que era nuestra manera de definir€Ś ÂżCópula? ÂżSe puede decir aquí cópula? Que queréis, éramos pequeñas no teníamos léxico y desconocíamos el sistema métrico sexual, !Angelicos!

Así que me mantuve firme €“cuando digo firme quiero que os imaginéis a la sota de bastos con el uniforme de las salesianas€“ cerré los ojos, abrí la boca y cuando aquello hubo terminado me planteé muy seriamente hacer carrera junto a Sor Eusebia Palomino, una monja, toda ella bondad, con la que no tendría que morrearme nunca más. Como no estaba segura de que aquella marranada dejara un rastro que mi madre pudiera seguir, me compré un regaliz de palo, por si me olía el aliento a beso. Esa tarde no merendé, me había hecho mayor.

No fue bonito, ni siquiera arreglado, no era el hombre de mi vida, a duras penas puedo recordar el nombre del pobre chico que después no me soltaba la mano a pesar de que le sudaba como si se estuviera examinando de notarías. Fue como los besos del anuncio de Benetton, de mentira.
Adiós, besos. Con lengua que ahora ya me gustan.

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