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Blog César Brito González

Tribuna de Salamanca

El extranjero

Existe un mantra en mi familia, utilizado con frecuencia por mi abuelo paterno, que procuro aplicar siempre que es posible a mi vida diaria: "Buen porte y buenos modales, abren puertas principales". Por eso, antes de iniciar esta pequeña aventura en Tribuna.net, considero que lo primordial es presentarme ante ustedes, para que sepan con quién se van a enfrentar cada semana y qué van a encontrar aquí.
Mi ciudad de origen está a casi 3000 Km. de la Plaza Mayor, en una de las "Islas Afortunadas" A pesar de ello, los últimos 13 años de mi vida han tenido como escenario la capital charra. Aquí vine hace tiempo para estudiar, como tantos otros y, como se decía en tiempos, a "hacerme un hombre".

Empecé estudiando Derecho, más por utilitarismo y consejo familiar que por inclinación natural. Tras un par de años, sin embargo, quedó claro que no podía negar mis propios impulsos y elegí estudiar periodismo, un oficio que me tiraba y al que me dedico casi desde que era un niño, mucho antes de saber siquiera de qué iba todo el negociado. Mientras desgranaba asignaturas, prácticas, noches de fiesta -demasiadas, quizás- y otras menudencias, Salamanca y su gente se terminaron convirtiendo en parte indisoluble de lo que soy actualmente: un viajero perdido en las vicisitudes de este planeta, este país y esta ciudad alocados, que trata de contar lo que ve cuando le dejan, que procura observar y observase, para conocerse a sí mismo y, como me dijo un compañero y amigo hace años, "tratar de hacer más inteligible el mundo a los demás".

En Salamanca siempre quedará lo mejor de mí, aquí he vivido mis mejores y peores experiencias y, con un poco de suerte, las piedras de Villamayor terminarán siendo testigos mudos de lo mucho o poco que pueda conseguir en esta vida. A pesar de ello, no olvido mis orígenes. Y eso, a pesar de que muchos de mis amigos, allende el Atlántico, me acusen de ser un descastado, de haber trocado el espíritu pseudo tropical e indiano de los canarios por la sobriedad e inclinaciones espartanas de los castellanos. Nada más lejos de la realidad. Sé de dónde vengo, pero también sé pagar mis deudas. Y a esta ciudad y a quienes la habitan les debo mucho.

Por eso, con humildad y a pecho descubierto, trataré de opinar sobre mis vivencias en "Charrajevo", esplendoroso término que he leído en alguno de estos blogs y que hago mío desde ahora. Procuraré hacer uso de aquello que me enseñaron -y de alguna que otra cosa que he aprendido en el camino- para compartir con todos ustedes mi visión de la vida en Salamanca, mi opinión sobre las cosas que aquí ocurren, aquellas que me gustan y aquellas que no lo hacen, además de las razones que me empujan en una u otra dirección.

No quiero que vean en mí a un invasor. Soy tan sólo un extranjero sui géneris, un hijo adoptivo que, por ocupación, afecto y necesidad fisiológica, hace suyo el derecho de "hablar" públicamente, de intercambiar impresiones y tratar de crecer como persona, aprendiendo de los demás y haciendo notar aquellas cosas que son dignas de elogio y también de crítica.

Se lo debo a la ciudad que me ha acogido, a la gente que me ha hecho un hueco y que me acepta casi como uno más. Nunca seré salmantino 100% aunque, con el tiempo y si el destino quiere, puede que me gane el pasaporte charro, aunque sólo sea por acumulación de puntos. Por desgracia para mí, no me suelo casar con nadie. Es un pésimo hábito que trataré de no perder en este espacio.

Sin faltar nunca al respeto, argumentando cuando sea necesario y posible, intentaré que vean su entorno desde mi punto de vista, el de alguien que viene de lejos, pero que palpa las cosas de cerca; alguien que compra el pan en los mismos sitios que ustedes, que desgasta los mismos adoquines al pasear y que, al igual que ustedes, siente un estremecimiento, de cuando en cuando, al pararse en seco, en mitad de la Plaza, y tomar conciencia del privilegio que implica compartir los latidos del corazón con las campanadas del reloj, en una ciudad irrepetible.

Antes de despedirme por hoy, quiero animarles a que interactúen conmigo. Esa es la gracia que tiene la red. Pueden comentar mis entradas cuando deseen, de hecho confío en que el intercambio de pareceres se convierta en una práctica habitual. Me comprometo a responder lo más rápido posible siempre que pueda. Obviaré, como es lógico, descalificaciones, insultos y ataques personales, en caso de haberlos. Si algún curioso desea investigar por las redes sociales y saber más de mí, es libre de hacerlo y charlar conmigo en ese entorno.

Pero, honestamente, creo que cuentan ustedes con un espléndido diario, como es Tribuna.net, respaldado por un gran equipo que está haciendo un tremendo esfuerzo. Aprovéchenlo y sáquenle todo el jugo. Si tenemos que batirnos el cobre, que sea aquí, con luz y taquígrafos. Les emplazo para dentro de siete días, si nadie lo remedia.

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