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Blog César Brito González

Tribuna de Salamanca

Cuando los planes (no) salen bien

Hace unos cuantos años, un melenudo de Liverpool aseguró que €œLa vida es aquello que te va sucediendo mientras haces otros planes€. Posiblemente, a John Lennon jamás se le pasó por la cabeza, siendo un chaval, que con los acordes de su guitarra y un grupo de amiguetes cambiaría para siempre la historia de la música. Su cita es manida en extremo, pero también tremendamente certera, pues. Décadas más tarde, trato de abarcar con la mirada lo máximo posible del paisaje y el paisanaje de mi entorno, de mi propia vida y me pregunto ÂżQué pasa cuando no tienes ningún plan, cuando no puedes hacer planes más allá de la semana o el mes en el que vives?

Mi generación acarreará para siempre, me temo, un tremendo peso muerto: la imperceptible certeza de que le han robado la cartera sin que se diera cuenta. Con demasiada frecuencia, a muchos nos sube a la garganta una amarga carcajada cuando nos preguntan por el futuro. ÂżFuturo? ÂżQué futuro? ÂżTenemos de eso, de verdad? Estamos mucho más preparados que nuestros padres; con carencias y sin poder lanzar las campanas al vuelo, es cierto, pero a años luz de su €œquinta€ en cuanto a formación e hipotéticas oportunidades. A pesar de ello, muchos de nosotros carecemos de lo que se denomina un €œplan de vida€, un €œproyecto vital€. Sencillamente, no tenemos una meta clara hacia la que dirigirnos. Si la tuvimos en algún momento, espoleados por la inocencia y energía efervescente de la adolescencia, hace tiempo que la perdimos. Así funciona el invento, ya ven. La puta crisis.

Por desgracia, esa es la esencia de esto a lo que llamamos vivir: una sucesión de tropiezos y desengaños, de tragos amargos que estás obligado superar, para continuar el camino, en teoría más fuerte y más sabio, hasta el siguiente tropiezo. Entre caída y caída puedes encontrar un manojo de momentos y personas que merecen la pena y que son, en definitiva, las razones por las que continúas caminando, a pesar de tener las rodillas peladas. En cuanto tienes dos dedos de frente, aceptas estas reglas de juego y procuras que tu baza te dé la mayor cantidad posible de triunfos. Y a pesar de todo€Ś sigo pensando que alguien ha estado haciendo trampas.

Porque se supone que hicimos lo que debíamos hacer: estudiar y prepararnos, esforzarnos, trazar un objetivo de acuerdo a unos determinados valores, soñar que era verdad, eso que nos dijeron. Que cualquier cosa era posible, si nos la proponíamos. Haciéndonos creer equivocadamente que llegar a la Universidad era un derecho adquirido por nacimiento y no un privilegio ganado a fuerza de excelencia y trabajo, este país se ha encontrado con una auténtica marea de licenciados y diplomados que hablan idiomas, han cursado másteres y doctorados y que creen, ilusos de ellos, que tienen derecho a luchar por esos sueños.

ÂżSueños? ÂżFuturo? !No me hagan reír! A fuerza de enfrentarte con la realidad te das cuenta de que tienes suerte, si tu nómina tiene más de tres cifras. Bueno, que tienes suerte si tienes nómina, en realidad. Que con treinta y tantos no has logrado independizarte, que vives a expensas de la caridad de unos padres que ya han trabajado por cuatro como ellos, pero que tienen que seguir arrimando el hombro, en lugar de disfrutar merecidamente de su vejez. Ya has pegado unos cuantos tiros en alguna guerra, pero aún tienes que deshacerte de la eterna etiqueta de €œbecario€, de las pesadísimas cargas del €œcontrato temporal€, del €œperíodo de pruebas€, del €œéchame una mano, que ya cobrarás, si eso, cuando remontemos€, del €œla cosa está fatal, seguro que lo entiendes€. Tienes que currar en lo que sea, como sea. El objetivo no es vivir, sino sobrevivir. Es la precariedad que se retroalimenta constantemente, engullendo esperanzas, tragando vidas enteras a su paso, mientras pasan los meses y los años.

Obviando las pocas ilusiones que pueden quedarte en la recámara, te encaras con el día a día y descubres, con estupor, que tu brújula funciona, que sabes por dónde quieres y por dónde no quieres pasar. Pero no tienes un mapa y no tienes ni idea de a dónde quieres llegar. No es que no tengas un plan de vida, es que apenas llegas a un plan para sesenta o noventa días. Multipliquen esa sensación de vacío, ese sentimiento de engaño y angustia, no por diez o por cien, sino por cientos de miles. Los cientos de miles de jóvenes a los que se les prometió el oro y el moro y que, con justicia o sin ella, matizando casos particulares o haciendo peligrosas generalizaciones, se han quedado en pelotas y con cara de tontos.

Les pido que piensen en el resultado de ese efecto multiplicador, en el poso que crea ese desarraigo generacional, en las consecuencias de que el desánimo, la desesperanza y el cinismo abanderen a una juventud que, por definición, debería ser combativa, irreverente e ingeniosa. El motor emprendedor del futuro. ÂżDe verdad creen que tenemos futuro? ÂżQue lo tenemos todos, en realidad? Me siguen dando ganas de reír, qué quieren que les diga.

pasaportecharro@gmail.com


Twitter: CesarBritoGlez

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