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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

'Una de bipolar...'

Tal y como os comenté la semana pasada, os voy a hablaros sobre el trastorno bipolar, en la misma línea que lo hice en mi último post sobre la esquizofrenia y con la misma intención de acercar un poco más los conceptos relacionados con la vertiente más clínica de la psicología y así contribuir a que el conocimiento sobre estos temas sea mayor de lo que los estudios y las estadísticas reflejan hasta el momento.
El trastorno bipolar consiste en una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo, de forma que los cambios habituales que experimenta cualquier persona en su tono vital, se acentúan hasta un punto que puede llegar a requerir hospitalización.

Las personas que sufren este problema presentan, durante días, semanas o meses, períodos de pérdida de interés en sus actividades habituales, falta de concentración, intensa apatía, con lo que cualquier pequeña tarea o contrariedad se convierte en un problema insalvable, y alteraciones del sueño y del apetito, tanto en exceso como en defecto.

Los síntomas descritos anteriormente son comunes a las diversas formas de depresión; sin embargo, estos pacientes sufren también episodios inversos, en los que se sienten capaces de cualquier cosa, hablan en exceso, y se molestan muy fácilmente cuando se les lleva la contraria. Estas fases reciben el nombre de “manía” o “hipomanía”, según su intensidad. Algunos pacientes presentan fases mixtas, en las que se entremezclan síntomas de depresión y síntomas de euforia.

Aunque su nombre se presta a equívocos, la manía y la hipomanía cuando son moderadas, son un cuadro clínico muy característico. Muchas veces, el primer síntoma es una disminución de la necesidad de dormir; el paciente duerme pocas horas y se levanta a primera hora de la madrugada con la cabeza llena de ideas y pletórico de energía. Durante el día, desarrolla una actividad inusual, se embarca en nuevos proyectos, implicándose excesivamente en asuntos que, hasta entonces, no le habían llamado la atención, se muestra extremadamente alegre, sociable y hablador, aunque frecuentemente acaba resultando indiscreto y avasallador.

El trastorno bipolar se clasifica dentro de las enfermedades del estado de ánimo, junto con otras patologías como la depresión unipolar (se llama unipolar en contraposición a la bipolar). Dentro de los trastornos bipolares existen, asimismo, una serie de subtipos. En función de la intensidad de los síntomas, existen tres subtipos:

El Tipo I es la forma más clásica, caracterizada por fases de manía, que generalmente requiere hospitalización, y depresiones intensas. Es relativamente frecuente que aparezcan delirios, e incluso, en algunos casos, alucinaciones. Cuando el paciente recupera la normalidad le parece increíble haber llegado a pensar aquellas cosas.

El trastorno bipolar Tipo II se caracteriza por depresiones igualmente intensas, pero fases de euforia moderadas, que no requieren ingreso hospitalario y que se denominan hipomanía.

La ciclotimia consiste en la sucesión de hipomanías y fases depresivas leves o moderadas. El ciclotímico es generalmente visto por los demás como inestable, imprevisible.

Con tratamiento, la evolución es generalmente buena. Sin tratamiento, en cambio, la evolución es casi siempre muy negativa, con constantes recaídas y graves consecuencias familiares, laborales y sociales.

Generalmente, aunque hay excepciones, la enfermedad se desarrolla de forma imperceptible durante la adolescencia, etapa ya de por sí proclive a la inestabilidad emocional, y alcanza su esplendor en la edad adulta, en forma de una fase depresiva o bien maníaca.

Muchas veces, el primer episodio viene precedido por una situación ambiental estresante. Sin embargo, a partir de ahí la enfermedad se va independizando de las circunstancias ambientales y psicológicas, de modo que los mecanismos biológicos reguladores del estado de ánimo parecen entrar en una oscilación permanente, que lleva a la persona a perder el punto de referencia de su estado de ánimo habitual.

Cada recaída hace al individuo más vulnerable al estrés, de forma que, algunos pacientes, pueden llegar a presentar lo que se llama “ciclación rápida”, que es la sucesión ininterrumpida de depresión y euforia. El trastorno bipolar es sólo ligeramente más frecuente en la mujer que en el hombre, pero la ciclación rápida es muchísimo más frecuente en las pacientes femeninas.

Estas son sólo unas nociones básicas sobre el trastorno bipolar que, si os interesa especialmente, se pueden ampliar en próximas entregas. Sólo tenéis que pedirlo.

Hasta la semana que viene.


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