Blog autor

Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

¿Dónde están las llaves de nuestras habilidades sociales"

Parece evidente la respuesta a esta pregunta porque todos nos jactamos de saber comunicarnos con el resto del personal pero, ¿es esto realmente así? ¿Somos tan buenos como creemos expresando nuestras ideas, opiniones, deseos, etc.? Siento llevar la contraria pero, desde un punto de vista profesional, aunque también influye mi opinión personal, no somos tan habilidosos socialmente hablando y os voy a explicar por qué opino así.
Quiero introducir primero de qué hablamos cuando nos referimos a las habilidades sociales. Para ello, seguiré la definición que nos ofreció Caballo (1993) sobre este concepto afirmando que “son un conjunto de conductas emitidas por el individuo en un contexto interpersonal que expresa sus sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás y que, generalmente, resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas”.

Si queremos traducir esto en los distintos tipos de personas con los que tenemos contacto cada día e, incluso, pensar en cuál es nuestro desempeño es tan importante habilidad humana, podemos especificar que existen tres, quizá cuatro, estilos de comportamiento en lo que respecta a nuestra conducta social. Estoy convencida de que, según vayamos avanzando, cada uno os sentiréis identificad@ con alguno de ellos.

Primero tenemos al típico pasivo, es decir, a esa persona que siempre evita mostrar sus sentimientos o pensamientos por temor a ser rechazado o incomprendido o a ofender a otras personas; suelen infravalorar sus propias opiniones y necesidades, dando un valor superior a las de los demás. ¿Quién no tiene un amigo al que le parece bien cualquier plan que se lo proponga aunque sepamos a ciencia cierta que no le apetece en absoluto lo que le ofrecemos? Pues aquí tenemos a nuestro amigo el pasivo o inhibido.

Pero ahora está el polo opuesto, el amigo agresivo, aquel que sobrevalora sus opiniones y sentimientos, obviando e incluso despreciando las de los demás. ¿A que se nos viene fácilmente a la cabeza el típico personaje que nos impone su punto de vista sin importarle si, para ello, nos ha dejado en ridículo delante de la persona que nos gusta?

Pero, personalmente, quizá de los que más conozco es de un estilo menos conocido, el pasivo – agresivo que evita el conflicto mediante la discreción, evitando las situaciones que puedan resultarle incómodas o enfrentarse a los demás con excusas, falsos olvidos o retrasos entre otros medios. Así, no asume la necesidad de hacer valer sus propios derechos (es pasivo), aunque tampoco se muestra receptivo hacia los de la otra parte (sería agresivo).

Estoy segura de que a todos se nos ocurren unas cuantas personas amigas y conocidas que podemos “encasillar” en alguno de estos estilos. Sin embargo, más difícil será encontrar a alguien a quien, siendo objetivos, podamos asignar el estilo asertivo, el más deseable pero, a la vez, el más complicado.

La persona asertiva tiene un estilo de comunicación abierto a las opiniones ajenas, dándoles la misma importancia que a las propias. Parte del respeto hacia los demás y hacia uno mismo, aceptando que la postura de los demás no tiene por qué coincidir con la propia y evitando los conflictos sin por ello dejar de expresar lo que se quiere de forma directa, abierta y honesta.

Sí, sí, ya sé que a nosotros mismos nos vemos rápidamente en este súper estilo comunicativo con tan estupendísimas habilidades sociales pero, ahora, seamos realmente honestos y pensemos cuál de estas formas de actuar encajan más con nuestro comportamiento habitual.

Efectivamente, todos sabemos lo que queremos, lo que debemos hacer y, hasta en muchos casos, sabemos cómo debemos hacerlo pero, lo que no tenemos tan claro es por qué con tanto conocimiento y sabiduría, al final, resulta que nos acercamos más al pasivo, al agresivo o tenemos un poco de cada, en lugar de ser todo lo asertivos que presumimos de poder ser.

Pero, señor@s, este ya sería otro tema para otro post o, quizá, para trabajar en un curso de habilidades sociales de la mano de un profesional de la psicología. Hasta la próxima semana.



Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: