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Andadas

Celia Sierra Moreno

¿Por qué no aquí? ¿Por qué no ahora?

¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París? Seguro que esta frase de la peli Ratatouille sea la que mejor describe a París. Es el mejor lugar para soñar, para sentir, para vivir. En pareja, con amigos, solo…. La capital francesa enamora en cada calle, en cada barrio, en cada monumento

Preparé mi viaje a París el año siguiente de conocer Roma. Tengo que reconocer que el listón estaba muy alto…. Pero desde luego, no me decepcionó.

 

Sin embargo, con esta ciudad me pasa algo raro… cuando volví a casa y la gente me preguntaba qué tal el viaje, yo le contestaba a todo el mundo: “Mucho mejor Roma”. Y según fue pasando el tiempo, y veía las fotos y recordaba los días que pasé en la ciudad de la luz me enamoré más y más. Ahora, estoy convencida de que no hay una ciudad más bonita y romántica para descubrir que esta.

 

Llegué a París un jueves de mayo, y la primera visita después de instalarme fue Versalles. Desde la estación hasta el palacio hay un paseíto, pero merece la pena recorrerlo porque el pueblo tiene lugares magníficos para visitar y fotografiar. Por ejemplo la plaza, la Iglesia y los escaparates de las tiendas y cafés.

 

El palacio refleja todo el esplendor del reinado de Luis XIV. Demasiado fastuoso para mi gusto. Mucho cortinaje, mucho dorado, unas lámparas enormes…. Genial si te gusta el rococó. Lo poco que me gustó el palacio, lo compensaron con creces los jardines. Me encantó pasearlos, ver las réplicas de esculturas que hay y las fuentes… lástima que no estuvieran encendidas. Debe ser maravilloso verlas todas en funcionamiento. Me parece que el espectáculo solo es posible verlo algunos viernes en verano, así que si vais a visitarlo y queréis ver las fuentes, informaos antes.

 

El día siguiente comenzamos a patear París. Cogimos un billete para el barco del sena que es como un autobús con varias estaciones. Sirve para todo el día y puedes entrar y salir las veces que te venga en gana. Paseamos por la ribera del Sena y subimos al barco. La primera parada fue Nottre Damme. Es realmente increíble ir por el río y que aparezca ante ti una de las catedrales góticas más importantes del mundo. Se ponen los pelos de punta de verdad. Las vidrieras son geniales, pero sin duda lo más increíble son las vistas desde las torres. Guardamos más de hora y cuarto de cola para comenzar el ascenso de los 387 empinados escalones que llevan a al cima de las torres. Una vez arriba se puede observar la perfección con la que está construida la ciudad y contemplar el campanario donde la historia cuenta que vivió Cuasimodo, el Jorobado. Las gárgolas que cuelgan de la fachada hacen más real la historia de Cuasi.

 

Después de un bocata con vistas a la catedral para reponer fuerzas nos dirigimos a la Sainte Chapelle, una iglesia también gótica de dos plantas. La parte baja de la capilla está presidida por una estatua de la Virgen mientras que la superior fue construida como un relicario monumental decorada con quince vidrieras de luz y color que narran, en 1113 escenas, la historia de la humanidad.

 

Tras la Sainte Chappelle, visitamos la Conciergerie, una de las prisiones más duras desde el siglo X al XIV ya que pocos salían con vida de ella. Durante el recorrido se aprecian las diferentes condiciones en las que vivían los pobres, que dormían en el suelo; y las adineradas, que tenían camas, muebles e incluso sirvientes. Incluso está recreada la celda donde estuvo Maria Antonieta.

 

Después de eso, caminar, respirar París, sentarte en una terraza a tomar una coca cola, pagar 6 euros por ella y que no te importe. Volver a coger el barco hasta el puente de Alejandro III, fotografiar Los Invalidos, Iglesia donde está enterrado Napoleón, y echar a andar hasta la Torre Eiffel. Y cuando te quieres dar cuenta estás debajo de ese gigante de hierro planteandote si subes o te quedas abajo. Y cuando te quieres dar cuenta otra vez estás en el tercer piso haciendo fotos y rezando para que el aire deje de soplar porque sientes que te vas a caer de un momento a otro.

 

Bajas a tierra firme y vuelves a caminar hasta Trocadero. Te compras un crepe de nuttella y esperas a que se haga de noche para contemplar la más maravillosa de las vistas de la torre, que se queda en tu retina para siempre y que hace que te vayas a dormir con una sonrisa en la boca.

 

Suena el despertador y vuelves a ponerte las pilas. Queda mucho París por recorrer. Una visita a la Plaza de la Concordia y comenzar a recorrer los Campos Elíseos… ¡una hora y media andando hasta el Arco del Triunfo! visitar la tumba del soldado desconocido y sortear los coches de la rotonda más complicada del mundo para encontrar una parada de metro. Y de ahí a Pigalle. Para mí, el lugar con más encanto de todo París. En lo alto de la montaña de Montmartre se encuentra la Basílica del Sagrado Corazón, a la que se puede acceder en funicular o caminando. Yo os recomiendo que lo hagáis andando porque de esa manera puedes disfrutar de los artistas que se colocan por las escaleras y hacen sus demostraciones: cantantes, malabaristas….

 

Y detrás de la basílica, el barrio de los pintores: una muestra del París más bohemio. No muy lejos de allí se encuentra el famoso y súper filmado Moulin Rouge con sus aspas en movimiento y los sex-shops alrededor.

 

Si os queda tiempo acercaos a la ópera. No tiene desperdicio. Y si es sábado y llegáis a tiempo, aprovechad para contratar una cena con crucero por el Sena. Las hay muy económicas y es un capricho que merece la pena darse.

 

El domingo aprovechamos para ir a Disney. No importa si no tenéis niños… yo tampoco los tengo y disfruté como una enana con las cabalgatas de las princesas y montando en las atracciones. El parque está a poco más de una hora del centro de París pero con una fantástica combinación de trenes.

 

El lunes era el último día de nuestras vacaciones y aprovechamos para visitar el Louvre. Cogimos un mapa y elegimos qué queríamos ver. Es imposible recorrer el museo entero en unas horas. La Victoria de Samotracia, Apolo y Dafne, La Gioconda, Las Bodas de Caná… todas esas obras de arte que habíamos visto en los libros, ahora se encontraban ante nuestros ojos.

 

Y en el avión de vuelta, soñar con volver porque París…. “París responde a todo lo que el corazón desea. –Dijo Chopin-. Uno puede divertirse, aburrirse, reír, llorar o hacer lo que se le antoje sin llamar la atención puesto que miles de personas hacen otro tanto… y cada uno como quiere.” Está todo dicho.

Comentarios

Arantxa M. 25/04/2013 11:57 #1
Me has dejado con más ganas aún de conocer París!! Tienes la habilidad de transportarme a los lugares que relatas, así que por favor, no lo dejes nunca, tu, sigue escribiendo...

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