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Andadas

Celia Sierra Moreno

Mi lamento

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Andantes, lo siento pero hoy no os llevaré de viaje a lugares lejanos. Las andadas que tengo previstas para hoy son diferentes y quiero compartirlas con vosotros porque creo puedo contaros todo lo que siento en este momento y sé que los que me seguís me entenderéis. Tengo tanto dentro, que no sé por dónde empezar… pero voy a intentarlo.

Santiago de Compostela es una ciudad para comer, rezar y amar. Esos son los motivos por los que nuestras andadas deberían habernos llevado hasta allí hoy. Sin embargo, y desgraciadamente, no somos dueños de nuestro destino y el viaje a Santiago se ve enturbiado por la realidad. La realidad que nos golpea tan duramente que nos deja completamente noqueados.

 

 

Tengo el corazón encogido desde ayer. Desde el momento en el que los fuegos artificiales preparados para una celebración se convirtieron en las llamas de un vagón de tren explotando; desde el momento en el que las ganas de reír, cantar y disfrutar devinieron en llantos y lamentos.

No se han terminado de cerrar las heridas del 20 de agosto de 2008, ni tampoco las de 11M y de nuevo la incertidumbre, la pena, las ganas de correr, de escapar, de gritar. De abrir los ojos y descubrir que sí, que es cierto. Que no ha sido una pesadilla que desaparece cuando abres los ojos. Y lees los periódicos y te pones en la piel del marido de esa mujer embarazada que se ha quedado solo y que ya no conocerá a su hijo. O en la de esa chica que esperaba a sus padres (abulenses) para pasar con ellos las fiestas del Apóstol y cuya madre (mientras yo escribo este post) sigue desaparecida.

 

Las cifras son alarmantes, desde luego. 80 muertos y más de 135 personas heridas, muchas de ellas en estado crítico. Pero detrás de esa cifra está la verdadera alarma: las personas, con nombres y apellidos, con planes, con proyectos que se han visto truncados por la imprudencia de un hombre o por el fallo de un tren que iba a 190 kilómetros por un tramo limitado a 80. ¿En serio alguien puede seguir pensando que el fallo es de la máquina? Por favor…

 

 

No puedo con la pena. En serio. Siento tanta impotencia que no sé cómo describirlo. Y sin embargo, si lo pienso fríamente, descubro que de esta tragedia puedo sacar dos cosas buenas: la primera cosa es que un chico cambió su billete el día anterior y pudo salvar así su vida; y que una chica, que también había sobrevivido a los atentados de Madrid, se había bajado en la parada anterior. Sí, parece mentira pero todavía hay que creer en la suerte.

 

Y la segunda cosa buena que saco de todo esto es, que sucesos así, me hacen recuperar la fe en el ser humano. Que los bomberos, médicos, voluntarios, psicólogos, gente de a pie que de una forma u otra ha ayudado a subsanar los daños causados, son gente grande. Que todos y cada uno de vosotros, a los que en algún momento de estos dos días se le ha movido aunque solo sea una pequeña parte del alma, sois los que hacéis de España lo que es: un país solidario y dispuesto a ayudar en lo que sea posible. Ya quisieran ese atajo de políticos corruptos y predispuestos sólo para aparecer en la foto, tener la mitad de corazón, de ganas, de fuerza y de valor que han tenido los vecinos de ese pequeño barrio de Santiago: esos que tardaron menos de un minuto en ponerse a sacar cadáveres de los vagones y taparlos con mantas como si fueran sus invitados; esto último lo leí en Twitter y me pareció una expresión tan bonita que tenía que compartirla con vosotros.

 

Si, andantes… la vida se escapa en un segundo. Un montón de sueños desaparecen y no vuelven… Aprendamos de tragedias como esta que la vida es efímera, que estamos aquí de paso y que hay que aprovechar cada día como si fuera el último. Simplemente, porque no sabemos cuándo será el último.

Comentarios

liebre29 26/07/2013 19:24 #1
Q grande eres Celia!!! Me encantan tus post pero hoy de verdad me has hecho llorar!!!! Mil besos para todas aquellas familias q se han roto y q estan usufriendo!!!!

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