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Amuletos contra el desastre

Laura Emily Roberts

Souvenirs (III): Un viaje de la fantasía a la realidad. De cómo murió la Dama de Shalott

An infant crying for the light:And with no language but a cry(Lord Tennyson, In Memoriam)

Lord Tennyson, el poeta preferido de la reina Victoria, nos propone una mirada diferente a la posición del creador en este poema narrativo que fue recurrentemente ilustrado por los pintores prerrafaelitas.

En una torre en la isla de Shalott encontramos a la Dama tejiendo escenas de la vida de Camelot, que se encuentra al otro lado del río. Las imágenes son vistas a través de un espejo, pues ella tiene prohibido mirar directamente a la realidad. Pero cuando oye a Sir Lancelot cantar de camino a Camelot, la Dama de Shalott abandona su telar, incumple su maleficio y se va en barco hacia Camelot. Por el camino muere. Al llegar, nadie la reconoce, salvo por su nombre escrito en la proa del barco. Lancelot sólo menciona que es bella.

La historia, así, rompe con el posterior modelo de Saussure en cuanto al lenguaje: hay un significante por cada significado, y su relación entre estos es convencional. Tennyson muestra que la convención también puede ser aleatoria, y lo que para uno significa una cosa, otro puede interpretarla de otra manera. Así, el lenguaje con el que narramos nuestras vidas se convierte en ficción desde el momento en que lo enunciamos: no hay mayor mentira que la verdad. El mundo sólo puede ser expresado en la medida en que el lenguaje, nuestro lenguaje, nos lo permite, y más allá no existe la experiencia, más allá estamos perdidos, como la Dama de Shalott, guiados por un impulso sensorial €“la canción de sir Lancelot€“ que también empieza en el lenguaje, pero termina en los sentidos.

El lenguaje con el que escuchamos a alguien contarnos una historia no es más que el nuestro: volviendo a contar la historia. El lenguaje nos hace sentirnos a salvo. El lenguaje disipa el miedo. Pero el lenguaje también es ese momento que nos aleja de la realidad€“€“y que nos encierra en una torre, tejiendo la historia que vemos en un telar: estática, sola, nuestra. Podemos decir que nosotros somos en la medida en que nuestro lenguaje es€“€“y que los nombres que les damos a las cosas son nuestra manera de nombrar el miedo al desconocimiento.

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