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Amuletos contra el desastre

Laura Emily Roberts

Amuletos de la infancia (II): El Principito

 Creo que, para su evasión, aprovechó la migración de una bandada de pájaros  silvestres.(Antoine de Saint-Exupéry, El Principito)

Colecciono ediciones de El Principito en diferentes idiomas (español, holandés, francés, inglés, español). Según el dicho, tradurre è tradire, traducir es traicionar, y los idiomas no son sino las posibles formas de expresar lo imposible.

Aprender un idioma no es sino aprender otra forma de expresar el mundo; al igual que conocer a una persona es encontrarse con otra forma de vivir. Así nos enseña el Principito a no llegar a ser adultos y a sumergirnos en la mirada de otros mundos: otros planetas / personas / flores / fiestas / lenguajes. Toda clase de celebraciones y rituales: el Principito viaja de un país a otro intentando comprender a su flor (que está lejos), aprendiendo, también, otras formas de ver puestas de sol. Por el camino, un zorro se enamora. Un aviador se estrella. Una serpiente€Ś Una serpiente también muestra su naturaleza inevitable. Los encuentros siempre cambian rumbos.

El Principito es un libro que leí de niña, adolescente y adulta, y que en todas sus lecturas me ha aportado algo nuevo (algo joven, algo azul, algo viejo). Se convierte en un lugar, entonces, aún siempre por explorar. Un hogar, también. No del todo conocido.

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