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¡Al abordaje!

Alejandro González Bueno

El ascua y la sardina

El PP se ha planteado debatir en los próximos días la conveniencia de una reforma que supondría un cambio profundo en el sistema de elección de nuestros alcaldes. Una medida que disfrazada de regeneradora, no nos engañemos, esconde un movimiento de acercamiento del ascua a la sardina pepera.

La propuesta consiste en que al alcalde se le elegiría directamente y gobernaría el más votado, aunque la suma de los votos de la oposición fuera mayor. Y este ataque democrático que le ha entrado al Partido Popular para que se plantee esto, ¿a qué responde? Pues responde a que viendo el panorama electoral municipal de las próximas elecciones donde el partido de la gaviota podría perder no pocos consistorios, sumado a la tradicional fragmentación de la izquierda española da como resultado un cambio de las reglas de juego a mitad del partido que beneficiaría al PP. Beneficiaría al PP porque al ser un partido que aglutina el voto de derechas con muchos matices desde el extremo al moderado tiene más posibilidades de ser el partido más votado a diferencia que los partidos de izquierda donde existe un partido para cada matiz. El resultado sería que los ayuntamientos serían gobernados por alcaldes del PP pero que en el Pleno la mayoría de los concejales serían de partidos de izquierda. 

 

Ante esta hipotética propuesta, dirigentes del PSOE han dicho que estarían a favor de dicha medida siempre que la elecciones municipales se realizaran a doble vuelta, lo que haría que el PSOE fuera beneficiado por todo lo que expuse anteriormente.

 

En definitiva, cada uno acerca el ascua a su sardina mientras los ciudadanos nos quedamos sin ascua y sin sardina, viendo como supuestas medidas para la regeneración democrática lo único que valen es para perpetuar el bipartidismo.

 

Otra medida regeneradora de la que está hablando el PP es la reducción del número de aforados que en España que es superior a los diez mil. Una cantidad exagerada incluso cuando la mayoría son jueces y fiscales. Tenemos que aprender de países de nuestro entorno y eliminar todo tipo de privilegios y aceptar que, como pasa en Francia, el expresidente del país pueda ser juzgado como un ciudadano más. 

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