Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

Los santos inocentes

La corrupción como forma de gobierno no es algo nuevo, en el XIX los regeneracionistas ya hablaban de ello. Como ha sucedido en varias etapas de la historia de nuestro país, nos encontramos en la misma disyuntiva: ruptura o continuismo.

      El peligro de que casi cada día se destape un nuevo caso de corrupción es que al final nos acabemos acostumbrando y lo veamos como algo normal. Si la semana pasada fue sonado lo de los vuelos a Canarias del presidente de la Junta de Extremadura y la cascada de imputados y detenidos por la puesta en marcha de la ‘Operación Púnica’, esta semana serán otros nuevos escándalos, pero tendrán el mismo denominador común: la corrupción.

 

      Lo que al final queda claro de tanta corrupción es que no hablamos de casos individuales, de manzanas podridas, sino que se trata de todo un sistema político y económico que tiene como engrase la corrupción. Al sentido patrimonialista del Estado característico de nuestra oligarquía, tan amiga de lo público, hay que unir la creación de sus redes clientelares por todo el país: los ERE en Andalucía, el ‘caso Pujol’ y otros en Catalunya, la Gürtel… Ya en el siglo XIX, un regeneracionista como Joaquín Costa hablaba de una oligarquía parasitaria e insolidaria sustentada y sustentadora del régimen turnista de entonces.

 

      Esas oligarquías de las que hablaba Joaquín Costa se han ido perpetuando con el tiempo, pudiendo trazar una línea clara desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Lo que hoy en día algunos denominan «casta», ha sobrevivido a todos los desastres y continúa reproduciéndose a través de las estructuras del Estado, siendo la misma oligarquía parasitaria que tenía como forma de gobierno el caciquismo y que combatieron los regeneracionistas hace más de cien años.

 

      La obra de Miguel Delibes, “Los santos inocentes”, o “La escopeta nacional”, de Berlanga, retratan ese capitalismo de amiguetes y esa oligarquía que vive de contratos públicos y que tiene en la cultura del pelotazo su forma de vida (lo del pequeño Nicolás, un conseguidor, no es un caso aislado). Por eso, como en los años setenta, la ciudadanía española está ante la misma disyuntiva, y como entonces, todo dependerá de la correlación de fuerzas: ruptura democrática con un nuevo proyecto de país o transición continuista.

 

 

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