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Abriendo alamedas

Hugo Crespo

Las encuestas y el cambio

Las encuestas confirman la crisis de régimen y la posibilidad de un cambio político en nuestro país, pero no debemos olvidarnos de una cosa: para que el cambio sea real, al cambio político le debe acompañar el cambio social.

      Tras conocer la encuesta de metroscopia de este mes que da a Podemos como primera fuerza política y la ya anunciada del CIS que parece confirmar esta tendencia y que se publicará en unos días, hay que analizar varias cosas: la primera, por obvia, es que el cambio político no sólo es posible, sino que está encarrilado. Segundo, y no menos importante, es comprobar que el bipartidismo no forma parte del cambio; no es lo mismo alternancia que alternativa. Y tercero, que aunque exista un bloque político articulado capaz de ganar unas elecciones, todavía falta el cambio social. Todo esto es la expresión de una crisis de régimen que se manifiesta, electoralmente, en una crisis del bipartidismo.

 

      Después de las elecciones generales de 2011 en las que ganó el PP con mayoría absoluta, hubo quien dio por muerto al 15-M, obviando la marejada de fondo ya existente en ese momento pero que no encontró expresión electoral en esas elecciones. Lo que vienen a corfirmar todas las encuestas es, precisamente, de qué manera el descontento existente ha desembocado en una crisis de régimen, lo que se traduce en una tendencia al alza de las fuerzas rupturistas en las encuestas, convirtiéndose en alternativa electoral, y en una tendencia a la baja del bipartidismo, sustento político del régimen.

 

      Si el cambio electoral, como diría Espronceda, va "viento en popa a toda vela", no sucede lo mismo con el cambio social. Que hay que ganar unas elecciones está claro, pero eso debe ir de la mano de una mayoría social que apueste por el cambio del país y no sólo por el cambio de gobierno. No hay ningún partido que vaya a solucionar los problemas que tenemos, sólo la gente, organizándose, tiene esa capacidad. Un gobierno sin el apoyo de una mayoría social es un gobierno con las manos atadas, sólo traerá más frustración y la sensación de que no es posible cambio alguno.

 

      El ciclo electoral que comenzó con las elecciones europeas de mayo de este año, continúa con las municipales y autonómicas  y culmina en las generales, es la oportunidad, puede que única, de cambiar el país, pero eso no significa que tengamos que centrar todo nuestro esfuerzo en lo electoral y olvidarnos de lo social. La historia nos enseña, como en el caso del Chile de Allende, que una cosa es tener el gobierno, y otra muy distinta tener el poder. O como dijo hace poco Xosé Manuel Beiras: "En las elecciones no se ganan las batallas, se verifica que las batallas están ganándose".

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