Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

La zona cero de la zona cero

La victoria de Syriza abre la posibilidad de recuperar la soberanía para su país y de acabar con las políticas de austeridad impuestas por la troika. El proceso que ahora se abre, con todas sus luces y sombras, será ejemplo para otros pueblos de Europa.

            La utilización de la crisis como excusa para cambiar de modelo mediante la aplicación de políticas de austeridad, tropieza en Grecia. La victoria de Syriza quiebra el relato sobre la inevitabilidad de los recortes como único horizonte posible, algo que defendían y defienden en nuestro país PP y PSOE, y abre la puerta a otro tipo de políticas. El falso dilema de elegir entre lo que hay y el caos ha fracasado; en Grecia han elegido recuperar su soberanía.

 

            Después de la victoria en las elecciones, llega la parte difícil: el objetivo no era ganar unas elecciones, sino recuperar la soberanía para transformar el país. Syriza en Grecia, como Podemos o IU en España, son sólo instrumentos, herramientas de las que se dota el pueblo, en ningún caso soluciones del conflicto. Quien espere que como por arte de magia la victoria de Syriza va a solucionar todos los problemas de Grecia, además de estar equivocado, se va a desilusionar muy pronto.

 

            Los procesos de transformación, más allá de la mitificación de momentos concretos —el asalto al Palacio de Invierno en 1917 o la toma de la Bastilla en 1789 son buenos ejemplos de esto—, son extremadamente complejos y no responden al ideal de belleza que muchos esperan de ellos. Asumir el principio de realidad, de que tienes que hacer política con lo que tienes y no con lo que te gustaría, supone asumir que las contradicciones están a la orden del día. Se trata, una vez más, de ser pragmático sin hacer de ello una ideología.

 

            Los que creemos que un gobierno debe ser soberano para tomar sus decisiones y sólo responder ante su pueblo, saludamos con esperanza e ilusión la victoria de Syriza, pero no confiamos en ellos porque despierten nuestras simpatías políticas o porque estén muy bien preparados, sino porque confiamos en el pueblo griego y en su capacidad para decidir su propio futuro. Ahora se encuentran en la zona cero de la zona cero, con todo un país por reconstruir, y la única certeza que tienen, que tenemos, es que sólo el pueblo salva al pueblo.

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