Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

Islandia, ¿proceso constituyente?

Aunque sea más bonito el mito que la realidad, de Islandia no podemos extraer un ejemplo que nos sirva de modelo y guía para nuestro país, de Islandia, lamentablemente, tenemos que aprender de sus errores, para que sus fallos sean nuestros aciertos.

 Es mucho lo que se ha dicho y escrito sobre Islandia y su revolución ciudadana, y al final, no es tan fácil separar el grano de la paja. Sobre si en Islandia ha habido proceso constituyente o no también se ha creado una especie de mito, complicado de desmontar por aquellos que insisten en "sontenella y no enmendalla", aunque la realidad sea tozuda en desmentir las bondades y los logros de la "revolución islandesa". Pero vamos a los hechos.

 

      En Islandia, pocas semanas después de la caída de Lehman Brothers, la crisis económica deriva en crisis de representación; la ciudadanía echa abajo al gobierno de coalición de derecha y centroizquierda. En este contexto, tienen luegar unas nuevas elecciones en las que surge una nueva mayoría y otro nuevo gobierno de coalición, esta vez entre el centroizquierda y los verdes. Este gobierno convoca unas elecciones a Asamblea Constituyente consistentes en candidaturas ciudadanas e independientes a las que se presentan 523 ciudadanos, resultando elegidos 25. El Tribunal Constitucional, en una medida sin precedentes, decide anular estas elecciones. A pesar de ello, el gobierno resuelve seguir adelante y los 25 de la Asamblea Constituyente pasan a una Comisión constitucional, que elabora un borrador de constitución que es sometido a un referéndum no vinculante. Dicho borrador se aprueba, pero el gobierno rompe su promesa y no lo refrenda con sus votos en el parlamento. Llegan unas nuevas elecciones en las que gana la derecha. Se paraliza el proceso. 

 

      No podemos decir que en Islandia haya existido un proceso constituyente cuando la Asamblea Constitucional pasa a ser la Comisión constitucional, ya que deja de ser un poder constituyente para convertirse en un órgano consultivo del poder constituido. Un poder constituyente no liberado siempre, siempre, está en manos de la reacción, como ha ocurrido en Islandia cuando la mayoría en el parlamento ha bloqueado el borrador de constitución, que no lo olvidemos, había sido aprobado en un referéndum. Por tanto, y aunque sea más bonito el mito que la realidad, de Islandia no podemos extraer un ejemplo que nos sirva de modelo y guía para nuestro país, de Islandia, lamentablemente, tenemos que aprender de sus errores, para que sus fallos sean nuestros aciertos.

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