Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

El límite de lo posible

Se aleja la política de la gente cuando la economía pasa a ser una cuestión técnica desvinculada de la deliberación democrática. Ciertos problemas que hoy se presentan como técnicos, ocultan una falta de voluntad política por parte de las élites que nos gobiernan. No es que no se pueda, es que no quieren. ¡Sí se puede!

      Las élites que se benefician del expolio del país cada vez se parecen más a aquella vieja viñeta de ‘Hermano Lobo’: nos dan a elegir entre ellos o el caos, pero nos recuerdan que el caos también son ellos; el mensaje de fondo, lo que nos quieren decir, es que no hay alternativa. El problema grave al que se enfrenta esta oligarquía parasitaria es su incapacidad para generar consensos. Hoy el cambio es percibido como algo necesario y deseable.

 

      Si el acceso al crédito blando y una incipiente redistribución de la renta proporcionaron un cierto bienestar mejorando las condiciones materiales de la gente, la crisis ha acabado con eso. Es difícil amenazar con el miedo a perderlo todo a quienes no tienen nada que perder; el abismo con el que nos amenazan ya está aquí y lo han traído sus políticas. Así se entiende la campaña lanzada por Juventud Sin Futuro: “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo”.

    

      Cantan LCDM en una de sus nuevas canciones que “el hambre no entiende de prima de riesgo”, y lo demostró el SAT en agosto de 2012 cuando expropió alimentos en dos supermercados de Andalucía. Ese verano, cuando todos los medios hablaban de la prima de riesgo y de un rescate directo de España por parte de la troika, la acción del SAT nos devolvió a la realidad del país: hay gente que pasa hambre y si no se les ayuda no es porque no se pueda, sino porque no se quiere.

 

      Explicaba Slavoj Zizek en uno de sus libros que la verdadera política consistía en modificar el contexto que determina cómo funcionan las cosas, no en perpetuarlo. Ese contexto es el capitalismo global, que al final es el que establece qué se puede hacer y qué no se puede hacer. Hay casas sin gente y gente sin casa, se tira comida y hay gente que pasa hambre. No es una imposibilidad técnica lo que impide acabar con estos problemas, sino una falta de voluntad política. El límite de lo posible siempre lo debe de marcar el pueblo.

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