Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

¿De qué hablamos cuando hablamos del TTIP?

El Acuerdo de Libre Comercio entre la UE y EEUU supone un vaciamiento de nuestras democracias y la cesión de nuestra soberanía a poderes no elegidos democráticamente. En nuestro país, sometido a un proceso de periferización dentro de la UE, la aprobación del TTIP emperorará todavía más las condiciones materiales en las que vive nuestro pueblo.

     El Acuerdo Transatlántico de Comercio e inversiones, TTIP en inglés, es un tratado de libre comercio entre EEUU y la UE. Tradicionalmente, los acuerdos de libre comercio se centran en reducir las barreras arancelarias que regulan el comercio entre países. Actualmente, los aranceles entre la UE y EEUU son muy bajos, no superando en ningún caso el 6%, por tanto, este no puede ser el motivo para la firma del acuerdo. El TTIP, negociado con oscurantismo por ambas partes, busca desregular todavía más el mercado, equiparando los estándares en materia de legislación laboral, sanitaria y alimenticia de la UE con EEUU, es decir, a la baja, y abrir el sector público europeo a las empresas estadounidenses.

 

      El TTIP supondrá una nueva ola de reformas laborales en Europa para adaptar las normativas nacionales al nuevo acuerdo firmado.  Las grandes empresas, además de pagar menos impuestos de los que ya pagan, podrán bajar todavía más los salarios, depauperando las condiciones materiales de la ciudadanía europea y estadounidense. También abrirá la puerta a la privatización de los servicios públicos, incluyendo una cláusula de protección de las inversiones  (ISDS) que en la práctica supone la irreversibilidad de cualquier privatización, aumentando todavía más el poder de las grandes empresas.

 

      La rebaja y supresión de la legislación sanitaria abrirá la puerta a nuevos productos en nuestros supermercados, productos que en la actualidad están prohibidos en la UE por considerarse nocivos para la salud. También en lo relativo a las grandes compañías farmacéuticas, esta rebaja en los estándares sanitarios les permitirá comercializar en la UE medicamentos que de otra manera estarían prohibidos, y lo que es todavía peor, la nueva legislación sobre propiedad intelectual les permitirá retener las patentes de muchas medicinas, imposibilitando la producción de genéricos, afectando al presupuesto de los Estados y de los hogares, que van a tener que dedicar más recursos a para su adquisición.

 

      La lógica mercantilista también afecta al medio ambiente, ya que se permitirán  prácticas que lo dañen, como el fracking, perjudicando las condiciones de vida de la gente y la economía de los Estados. Pensar en el corto plazo y aplicar criterios de rentabilidad sobre la naturaleza provocará desastres naturales con consecuencias para la salud de las personas.

 

      A priori parecería que un acuerdo de semejantes características que sólo beneficia al capital tendría poco recorrido. Entonces, ¿por qué todo apunta a que se va a aprobar el TTIP si en la práctica supone peores condiciones laborales, afecta a nuestra salud y al medio ambiente y acaba con los derechos sociales? La respuesta, que es algo que con la crisis ya podemos intuir, es que la Unión Europea está construida para que los que no se presentan nunca a las elecciones nos gobiernen. No les hace falta, ya tienen comprada la voluntad de populares y socialistas en el Parlamento Europeo. Sólo el surgimiento de gobiernos que busquen recuperar la soberanía de sus países podrá cambiar la correlación de fuerzas en la UE, democratizando la economía y poniéndola al servicio de la sociedad, no al revés como se pretende. 

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