Silueta original

Abriendo alamedas

Hugo Crespo

Correr tras el viento

Para construir un país más justo es necesario aprender de luchas y experiencias pasadas, pero eso no significa mirar con nostalgia al pasado. Querer un país con memoria no es querer un país nostálgico.

            Sobre la nostalgia y sus peligros dice un proverbio ruso que “añorar el pasado es correr tras el viento”. La crisis que vivimos nos ha pillado de sorpresa a nosotros, ciudadanos y ciudadanas de a pie, pero también a las instituciones del régimen, a los sindicatos, a los partidos de izquierda… Es a estos últimos -de los sindicatos no hablo, porque no están ni se les espera- a los que más está afectando la crisis. Del PP salieron algunos rebotados y montaron VOX, con el éxito de sus cero eurodiputados, pero en la izquierda sí ha habido movimiento: el surgimiento de Podemos, una refundación a toda prisa de IU…

 

             Enrique Múgica, histórico del PSOE, cuando hablaba de la añoranza por un tiempo pasado sentenciaba que “la añoranza es el camino previo a convertirse en estatua de sal”.  Así, buena parte de la izquierda de este país lleva tiempo menguando su base social y convirtiéndose lenta pero inexorablemente en una estatua de sal. Es lo mismo que le ha pasado a los sindicatos mayoritarios de nuestro país.

 

            Los tiempos de la burbuja inmobiliaria son tiempos de espejismo; la aparente bonanza económica era una ilusión construida sobre la nada. Por tener una imagen más clara: Alberto Garzón, diputado de IU, define el capitalismo como una bicicleta, donde si no pedaleas, te caes. Pues bien, la burbuja especulativa sobre la que ha basado su crecimiento el capitalismo español en las últimas décadas ha sido como pedalear, sí, pero pedalear sobre el aire. La fuerza política que predicó en el desierto advirtiendo sobre este pedalear en el aire fue Izquierda Unida. Ni dios hizo caso.

 

            Para cambiar el país no necesitamos estatuas de sal; tampoco nos vale otro espejismo, el espejismo de lo electoral: hay que ganar unas elecciones, pero ganarlas es el medio, no el fin. Beiras dice que “en las elecciones no se ganan las batallas, sino que se confirma que se están ganando”. Nada nuevo: el cambio electoral debe ser un reflejo de un cambio social o, como en el caso de la burbuja especulativa, estaremos pedaleando sobre el aire. Es tiempo de trabajo colectivo para sentar las bases de un nuevo país, aprendiendo y teniendo presentes las luchas pasadas, pero eso no nos debe hacer correr tras el viento. Quiero un país con memoria, no un país nostálgico.

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