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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Retrato de una generación

Según la nota de prensa de la película Hermosa juventud, Natalia y Carlos, dos jóvenes veinteañeros sin trabajo y con un bebé de camino, “no tienen grandes ambiciones porque no albergan grandes esperanzas”. La película de Jaime Rosales, el único largometraje compitiendo en el reciente Festival de Cannes, trata sobre todo la crisis en España y cómo el desempleo, aunque no solamente eso, afecta a la juventud. A través de esta pareja, Rosales retrata a la generación perdida de la que se ha hablado recientemente, pero no la más preparada, con estudios y a priori más oportunidades. Refiere, por el contrario, a los más desamparados, habitantes de la periferia, con menos futuro que nadie, mayores riesgos de exclusión social y de perpetuar ese bucle de la clase social que les ha sido asignada y de la que no pueden huir, aunque no sobren ilusiones.

 

En una de las escenas del comienzo, en un momento de intimidad, Carlos le hace a Natalia una de esas promesas inocentes sobre su futuro compartido: él le regalará una casa frente al mar y él se comprará un Ferrari. ¿Tópico de la pareja romántica que se jura amor eterno o, por el contrario, antítesis de la realidad insoslayable que padecen? Pertenecientes a familias desestructuradas, residentes en pisos de los suburbios, él consigue trabajo como peón donde gana diez euros al día y ella sólo consigue echar currículums sin mucho éxito, aunque juntos probarán en la industria del sexo por internet para ganar dinero fácil y rápido.

 

Rosales, consciente de la realidad tecnológica que vivimos independientemente de nuestro lugar en la sociedad, inserta la representación del teléfono móvil y del ordenador a la propia imagen cinematográfica (a través de la pantalla de un móvil articula una de las más bellas y originales elipsis que se han visto últimamente). Pero no como mero recurso estilístico (corre el riesgo de convertirse en un cliché), sino para representar la distancia de la pareja y, más aún, para obviar la distancia insalvable de la chica, que debe mudarse a Alemania para encontrar trabajo, con su condición social que ha de arrastrar allí adonde se dirija. Discrepando de la cita a la que me refería al inicio, sí que existe ilusión en lograr algo diferente, así como la ambición propia de la edad. Pero Rosales ha jugado tan bien sus cartas que mantiene la posibilidad de superar la mala situación hasta el último momento. La ilusión pervive pues está implícita en la juventud a la que alude el título, aunque resulte ser, como no cabe imaginar de otro modo, el espejismo de quien aspira a una vida mejor.

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