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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Noche y silencio

He de reconocer mi reticencia inicial al ver la película Sólo el viento, del director húngaro Benedek Fliegauf. Quizás por el impacto de su anterior película, Womb, cuya pobre acogida me deja algo perplejo. En ese trabajo, una historia construida en un tiempo y un lugar indeterminados, donde la tecnología ha llegado hasta el punto de poder clonar personas, la protagonista encarnada en la actriz Eva Green sufre la pérdida de su pareja. Con el difícil consentimiento de los padres del novio ella consigue quedarse embarazada del novio clonado. Se entretejen en esta película diferentes sentimientos encontrados y temas controvertidos y tabúes: ¿amor de madre o de amante? ¿Incesto o ella no es realmente la madre pese a haberle parido? ¿Qué papel tiene ahora la verdadera madre, quien le dio los genes? Y todo ello en un ambiente que evoca constantemente la soledad, el vacío de esa magnífica localización. Las buenas actuaciones desembocaban en algún momento sublime (el enfado del joven con el salero). El aspecto visual de la película es asombroso.

 

Desde luego el cine de Benedek Fliegauf es idóneo para mantener la sorpresa a flor de piel, la incertidumbre por la resolución de los conflictos internos. En Sólo el viento se narra un tema social que, sin ser documental, como se indica al comienzo del film, sitúa a una familia de gitanos rumanos viviendo en una chabola lejos de la urbe. Conocemos sus vidas a través de los ojos de la madre, que se gana la vida limpiando; de la hija, que cuida al salir de clase de una niña y se encarga de alertar a su padre exiliado en Canadá de los últimos sucesos (el asesinato de una familia gitana); y el hijo, preocupado por reordenar un refugio en el bosque en caso de que tengan que esconderse… La atmósfera de la película trasciende la mera denuncia por un problema racista en el que incluso la policía está implicada, demostrando la corrupción interna en la sociedad. La atmósfera, así pues, se configura a través del silencio, o la evocación del mismo: el profundo bosque donde se encuentra el hogar de la familia, las oscuras chabolas, todas en pésimas condiciones, la relación con el resto de personas… Y, sobre todo, el silencio ante la denuncia, ante un problema para el que no hay solución y se deja en manos de nadie.

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