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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Más allá de Saturno

En el famoso y siempre inspirador cortometraje La jetée (1962, Chris Marker), un grupo de supervivientes de la Tercera Guerra Mundial trata de buscar una solución para su mundo posapocalíptico, inutilizado con motivo de la radiación. Ante esa limitación espacial en la que ya no hay suficientes recursos para todos (un asunto que resuena cada vez más fuerte), la única vía de escape se formula en clave temporal. Interstellar (2014) nace del mismo impulso por la supervivencia y de una visión pesimista de nuestro mundo actual, aquejado por la explotación masiva de los recursos debido a la ambición sin límites del hombre. Si es inevitable comparar ambas historias es por el deseo implícito de sugerir, desde la ciencia ficción, que somos nosotros mismos los causantes de la debacle y al mismo tiempo los únicos que podemos encontrar una alternativa.

 

A Christopher Nolan, que vuelve a dirigir una obra espectacular (en el sentido más literal del término), parece gustarle tanto la exactitud científica como la fantasía más esperpéntica e imposible. Su historia persigue el dolor de cabeza provocado por la teoría de la relatividad, unas veces explicada casi como a un niño, y otras, generando la confusión. Quizás por ello, Nolan, en una escena, vuelve a retorcer la realidad como si se tratara de Origen, por si acaso olvidábamos la complejidad de sus guiones y de su puesta en escena. Los personajes, ahora más avispados que los inexpertos viajeros de El planeta de los simios (1968, Franklin Schnaffner), se sumergen en las mismas fluctuaciones temporales, y lo que para unos son unos meses, para otros son años o toda una vida. Pero no todo está al servicio del conocimiento científico, de la exploración interestelar y la perpetuación de la especie humana. Sin su lado humano, la relación paternofilial en una familia responsable y heroica y la lucha por el amor a los semejantes, esta expedición por el cosmos perdería en gran medida su gancho (en parte provocado por la presencia de Anne Hathaway, Jessica Chastain y Michael Caine).

 

Con motivo de la escasez de alimentos, en un mundo cada vez más árido en el que las cosechas van desapareciendo año tras año, la especie humana parece condenada. La solución para los expertos de la NASA parece ser un viaje espaciotemporal a través de un agujero de gusano descubierto cerca de Saturno. Cooper (Matthew McConaughey) deja atrás a su familia para dirigir la misión, que lleva a los astronautas por otros mundos, les hace padecer distintos lapsos temporales y hasta atravesar un agujero negro. Una odisea espacial de primer orden, con la fuerza de Gravity pero centrada menos en el plano técnico que en el plano argumental: la confusión espaciotemporal, tan respetable como el film de Marker, tan asombrosa como un relato de Stanislaw Lem, parece ser la alternativa más efectiva para trasladar la pequeñez humana a la inmensidad del cosmos. Levantar la vista hacia las estrellas (las de la pantalla) nunca había supuesto un viaje de semejante magnitud.