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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

En busca de la plenitud

Frances Halladay, interpretada por una estupenda Greta Gerwig, es, podríamos decir, un auténtico desastre. Sin embargo puede reflejar por sí misma el estado anímico de una generación: sus sueños fallidos, la edad adulta que no puede alcanzar, la insatisfacción de verse en la cola de una sociedad que no requiere de su experiencia. Frances es una chica de veintisiete años. Ella dice ser (o cree serlo) aún joven, aunque sus amigos (de menor edad) no lo vean del mismo modo. Vive con su mejor amiga Sophie, quien la abandona para irse a vivir a otro piso, y más adelante por su novio. Cada detalle es sintomático de su personalidad: no puede vivir con quien quiere, no puede trabajar donde quiere; dice no a una cena y acto seguido la vemos engullendo un bocadillo, dice no a un vaso de vino para después servirse a placer… Como el joven alemán de Oh boy, que se veía negro para conseguir un simple café, la no tan joven Frances es toda insatisfacción: va a París y no puede encontrarse con la única persona que conoce allí, quiere visitar una librería que acaba de cerrar, su mechero deja de funcionar… Su sino la hace permanecer allí donde no debería estar, ser quien no quiere ser. Pero eso, en cierto modo, le agrada. Y nos conmueve contemplarlo. Pese a todas las frustraciones, Frances admite que le gustan las cosas que parecen errores. Como sus sucesivos viajes inútiles, que quizás no lo sean tanto, anunciados por intertítulos. Quien no para de viajar es porque algo busca, aunque Frances no sepa muy bien qué es lo que espera encontrar. Después de todo, su propia identidad revela un carácter incompleto, y de ahí, quizás, su apellido convertido en un simple Ha, como si se riera de sí misma a medias.

 

Noah Baumbach y Greta Gerwig, pareja en la vida real y ambos guionistas de esta estupenda película dirigida por el primero, han sabido dotar a Frances Ha de una cuidada puesta en escena. Cada mínimo elemento juega una importante labor en la construcción del personaje y provee al film de una tonalidad entre irónica y nostálgica, cuya musicalidad provoca ese sentimiento por la vida plena a la que aspira Frances. Y sus referencias contribuyen a esa sensación, desde el afecto y el esteticismo de Woody Allen hasta una escena tomada de Mala sangre. Después de una cena con personas más mayores (y también más estables), confiesa a la mujer de la casa, y de manera confusa, lo especial de ese momento que comparte con ellos, y se pregunta por qué ella no quiere tener pareja en ese instante (undateable Frances…). Sacando punta a lo que dice, podemos pensar que lo que realmente necesita esta neoyorkina es la vida y el amor en sí mismos, sin pensar en nadie en concreto. Tan sólo alguien con quien atravesar esa etapa de juventud y de crecimiento: su amiga Sophie. Pues esta película es, ante todo, una tierna historia de amistad. Y también de amor.

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