Paula calle original

A piñón fijo

Isabel de la Calle
Blog de Isabel de la Calle.

Orgullo de camiseta, orgullo de selección

El post de hoy de este 'A piñón fijo' poco tenía que ver con lo que al final saldrá. Pero, tras ver anoche la final olímpica de baloncesto entre España y Estados Unidos, no he podido resistirme a escribir cuatro líneas sobre el equipo que nos levantó del sillón pidiendo !pasos!... casi cuatro años después.

Sentada en el sofá mientras en la calle hiela con furia decido no cambiar de canal cuando vuela el balón al aire por primera vez sin que españoles o estadounidenses le hayan tocado aún. Conozco con seguridad el resultado final, el momento mágico de la ilusión (104-108 a falta de dos minutos), recuerdo el mate de Rudy sobre Howard... y sin embargo vuelvo a 'tragarme' el partido de nuevo en la repetición que anoche ofreció Teledeporte.

Y justo entonces pensé que si un partido repetido casi cuatro años después me mantenía pegada al televisor, merecía al menos unas líneas en este blog.

El caso es que la segunda final olímpica de baloncesto para España resultó ser uno de los mejores partidos de baloncesto que yo jamás había visto. Este hecho, unido a la calidad del rival, han hecho que los 40 minutos disputados en Pekín sigan casi intactos en las retinas de los locos por el basket.

Sinceramente, volviendo ahora a ver con más frialdad el encuentro, inclusos los más forofos españoles reconocerán que el equipo estadounidense era, hombre a hombre, superior al español. Por eso precisamente es aún más meritorio el papel que hicieron los de Aíto en la final.

España fue un equipo hasta para recoger la medalla de plata. Un grupo de amigos que subió al mismo tiempo al podio mostrando que entre ellos no hubo egos que pudieran con el conjunto.

Cada uno de los doce tuvo un sitio para la gloria aunque no llevara a la espalda el nombre de Gasol, Navarro o Fernández. Cómo sino iba a firmar una final tan impecable un currante del parqué como Carlos Jiménez, un siempre útil y ejemplo de constancia como Felipe Reyes o un emergente Ricky Rubio.

Esta generación ha acostumbrado a los españoles a la victoria, a luchar siempre en cada campeonato -europeo, mundial u olímpico como era el caso- por el metal. Ahora, a puertas de otros Juegos Olímpicos el grupo ha cambiado ligeramente pero el espíritu parece el mismo. Quizá con eso baste para repetir al menos la final y rezar... !por que los árbitros piten los pasos!

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