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A piñón fijo

Isabel de la Calle
Blog de Isabel de la Calle.

Amor a los colores como único oasis en el desierto

Agárrense a su particular ilusión por un sueño más o menos doméstico porque lo que nos espera a los aficionados al deporte salmantino durante los próximos meses, e incluso años, es duro. Muy duro.
Soy una enamorada del deporte. Desde siempre. Quizá el hecho de tener dos hermanos que adoran tanto practicarlo como devorarlo en los medios de comunicación me ayudó a ser así.

También porque mis padres siempre nos alentaron a interesarnos por él. Aún recuerdo a mi madre pegada a la radio allá por el año 1989 escuchando a García narrar la muerte de Fernando Martín con un rictus de infinita tristeza en la cara. Y a ambos llevándonos al Bernabéu de sus amores a ver al Real Madrid del Buitre, Míchel y compañía.

El hecho de haber vivido en Salamanca con un equipo de fútbol en Primera división, uno de baloncesto masculino en ACB, otro femenino en División de Honor y uno de fútbol sala en la máxima competición no niego que ayudó, y mucho. También he disfrutado de los mejores ciclistas del momento y de un gran equipo de rugby y de atletismo, entre otros muchos atractivos provinciales.

Por eso ahora, con el equipo de la UDS en Segunda B, el de Perfumerías Avenida luchando por buscar un nuevo patrocinador después de cosechar un éxito jamás soñado y el resto de equipos de otras disciplinas peleando tan sólo por sobrevivir, el ánimo de los amantes del deporte se encuentra cuanto menos frustrado. Cada uno se debe agarrar a una ilusión para esta travesía en el desierto.

Personalmente, encontré la esperanza en un futbolista llamado José Moratón. Un tipo serio, de los que imponen respeto a primera vista. El central cántabro vino a Salamanca este año con el 'culo pelao' de patearse los campos de Primera división y lo hizo quizá buscando un retiro tranquilo, quizá deseando un protagonismo en el grupo ya perdido. El caso es que desde esta bendita ciudad bañada por el Tormes, Moratón ha dicho adiós al fútbol. Y lo ha hecho después de haberse ganado el respeto de los aficionados charros en general y el de esta servidora en particular. Dejando tardes de fútbol impecables y ruedas de prensa llenas de cordura.

Él ha sido mi oasis en este horrible final de temporada. Él me ha hecho sentir que el valor del deporte no está en la categoría en la que juegue un equipo, sino en el sentimiento que ofrece la implicación con unos colores. Desde este periódico recién nacido, escribiendo con los colores blanquinegros, azulones, naranjas o magentas corriendo por mis venas, les emplazo a que se enamoren del deporte como hice yo hace años. Sólo así aguantarán lo que nos queda este año por vivir, que se me antoja duro. Muy duro.

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