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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Viendo la botella medio llena, en el mejor de los casos

En Tierra de Campos también existen pueblos abandonados o casi. Lugares en los que habitan dos o tres familias en verano y que seguro lo hacen por nostalgia y por seguir aferrándose a la pequeña patria que los vio crecer.

Un par de calles asfaltadas, farolas las justas y nada más. El resto son naves abandonadas, una iglesia aseada en su precaria y justa restauración, un cementerio plagado de recuerdos, un par de merenderos para el fin de semana y mucho campo - eterno campo- para que la vista se aleje todo lo que sea posible en el horizonte.

 

A buen seguro, más pronto que tarde, los muchos tapiales existentes sucumbirán a la desidia y a la no práctica del uso. Seguirán derrumbándose los edificios y la imagen de una Castilla profunda nos despertará de un sueño añejo que a veces, todavía, se repite. 

 

Es verdad. No tiene arreglo. Muy pocos serán los que decidan asentarse a diario en estos municipios. Ya no queda nada, salvo una tranquilidad perturbadora que nos anuncia que la despoblación ya fue sangrante en el medio rural, que no se trata de una estadística ni de una cantinela de los cronistas del momento. Sí. Hay localidades que mantienen el nombre en su cartel de carretera y su historia en el corazón de los hijos del pueblo, pero el futuro es tan desolador como implacable. El cerrojazo es inevitable.

 

Y viendo dicha estampa te acuerdas del refrán que dice que cuando veas las barbas de tu vecino cortar pongas las tuyas a remojar. No será fácil mantener abiertas las casas de muchos de nuestros municipios y puede ser peor si no se aplica una ordenación del territorio justa que sepa distinguir y separar el grano de la paja.

 

Pero como siempre, y por fortuna, seguimos teniendo moradores que apuestan por ver la botella medio llena. Y es lo que hay que tener en cuenta, frente a los pesimistas y agoreros. Las cosas nunca fueron fáciles en el agro, cierto es, y siempre se tiró del carro. A veces con más fortuna que otras, aunque también es el momento de agradecer a todos aquellos que apostaron por su pueblos y que tuvieron visión de futuro, a sabiendas de la pérdida poblacional. A ellos, en la faceta que les tocó y les toca, mis felicitaciones, pues justo es reconocer las cosas bien realizadas, con entrega y entusiasmo.

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