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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Urbano y rural

Dicen que con la llegada del otoño se caen las hojas, pero en los tiempos que corren suponemos que primero tendrá que dar autorización Bruselas tras llamar por teléfono a la canciller alemana. Porque ya nada es lo que era. O a lo mejor sí y no lo queríamos ver.

Pero hay otras cosas más visibles, que se hacen palpables sin el menor esfuerzo: los pueblos se siguen muriendo, salvo honrosas excepciones. Ya, que lo hemos repetido mil veces, pero una vez más da igual. Total, ¿a quién le importa? Es el precio que hay que pagar, apuntan quienes no saben qué decir cuando se les pregunta por el tema y tienen responsabilidades al respecto. Además, ahora, con la crisis y demás milongas, pues los presupuestos andan tan ajustados que las farolas de muchos pueblos lucen ya a medio gas, crónica quizás de un final anunciado.

 

Hoy, seamos sinceros, vive en lo rural quien quiere, independientemente del oficio que se tenga. Es más, se dan paradojas chocantes, que todos sabemos que muchos del sector agrícola moran en lo urbano y se trasladan al terruño para labrar sus pagos. Nada que recriminar, sabedores como somos de los numerosos servicios que faltan en nuestros pueblos y que jamás se podrán prestar salvo que las comarcas cobren el protagonismo que se merecen con sus cabeceras al frente. Un tema para abordar con calma.

 

Así está el panorama. Se ha invertido mucho, se han mejorado las infraestructuras -casi siempre-, se han arreglado calles y viviendas, pero…los padrones descienden a velocidad de vértigo. Tal vez, en un mañana cercano, se vuelvan las tornas. Mientras tanto habrá que explotar al máximo los recursos patrimoniales, artísticos, naturales y gastronómicos. Hay que exprimir con energía los potenciales del medio rural, que, aunque parezca mentira, también están a medio rendimiento. Se puede hacer más, claro que sí. Para ello hace falta creer en lo propio y cercano, organizarse y dejar de mirarse al ombligo. Hace falta, por supuesto, tener voz, sabiendo distinguir la paja del grano y escuchando argumentos favorables y contrarios. Se trata de sumar, no de restar.

 

Para conseguirlo, trabajemos juntos, los de lo urbano y los de lo rural, porque las cosas bien hechas bien parecen.

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