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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

San Antónimos y más

Ya estamos en los días del festejo alargado y más y más, del santo patrón de los animales, con Antón como portavoz único, con fieles religiosos y laicos.

Que ha llegado el momento de lanzar al aire la voz con satíricos refranes que canten las andanzas del mundanal, resumiendo en verso los momentos álgidos de cada historia local.

 

Ahí está el personal, en el asunto del medio de enero, terminando de asimilar los turrones y haciendo hueco para las jijas y las morcillas. No hay miedo. Mañana será otro día y el colesterol ha sido desterrado hasta el centro médico más cercano, que espera ansioso para recetar a diestro y siniestro.

 

Momentos para sacar a relucir rituales que para algunos no lo son tanto y que para otros son devoción. Instantes que hablan de un pasado no muy lejano, cuando el campo y sus circunstancias lo dominaban todo a base de mano de obra y las penurias con pan eran menos penas.

 

Otros tiempos, tan lejanos en el quehacer como tan próximos en el calendario. Ahora, Antón tiene sinónimos y antónimos, tiene frecuencias, calados, adversos, acérrimos, volcados, despistados, voluntariosos y los que pasaban por allí. Es una mezcolanza de sentimientos encontrados, de arreos que se frenan y se visten, de gochos que se sacrifican al uso, de bendiciones a la puerta del atrio y de turistas que viajan a lo rural para sacramentar el fin de semana o las jornadas más gastronómicas. Es lo de antaño revestido para el presente, sobrando psicologías y análisis, pecados y revisiones de la cuestión.

 

Es San Antón y punto, donde cada colectivo y población se las maravilla para generar días de función y ocio, anhelando casi seguro, que los problemas gordos tengan visos de arreglo, ya sea por intervención divina o por actuación administrativa.

 

Vengan pues jamones y torreznos, ripios a lomos del caballo y jaranas de invierno. Renovación de votos añejos con espuelas nuevas, deseando que la siembra fructifique y que la recolección tenga más grano que paja. Sea bueno el día con sus noches y sus semanas, pues a lo largo de la provincia se irán sucediendo costumbres que tienen que ver con nuestro protagonista. Y que no le falten velas y tampoco vuelos, los necesarios para que, entre adobo y adobo, vengan proyectos de esperanza.

  

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