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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Sabores y gastronomías rurales

La cocina rural de nuestros pagos ha matado mucho hambre. Con lo que había se las maravillaban. Eran las cosas básicas, los productos de temporada, la caza, la granja, la huerta, el viñedo… Tiempos de penurias también, qué duda cabe.

Hay quien opina que se comía mejor que ahora,  que no más, pero ya se sabe que las apreciaciones sobre cualquier tiempo pasado tienen sus pros y sus contras. Todo depende, como siempre.

 

Lo cierto es que hoy, tanto tiempo después, los recursos gastronómicos de nuestra tierra rural tienen un valor incalculable que deben explotarse en mayor medida. Se está trabajando, sí. Se va por el buen camino, también. Y queda mucho por recorrer, por supuesto.

 

Porque a nadie se le escapa que el turismo rural pasa por la oferta de un patrimonio artístico, cultural y medio ambiental. Algo de lo que podemos presumir en la provincia de Palencia. Tenemos un potencial y una oferta amplia y variada, quizás necesitada de una proyección más realista y con mayor organización, que a veces sigue pareciendo que cada cual hace la guerra por su cuenta.

 

Turismo rural que tiene que ir de la mano del gastronómico, que lo de parada y fonda debe seguir siendo una máxima a tener muy en cuenta. Afortunadamente, contamos con empresarios y restauradores de nivel, tan necesarios como los mesoneros o los hostales con menú económico del día. Todo suma y todo es vital, porque hoy las economías no están para dispendios frecuentes.

 

¿Y qué busca el turista y el viajero? Primero un sitio en el que comer y segundo (muchos) saborear los platos típicos del lugar, del pueblo, de la comarca. Una gran mayoría busca la excelencia en lo sencillo, en las recetas de la abuela, en los guisos de toda la vida, en el plato de cuchara. Y ahí tenemos ventaja: siglos de historia de puchero nos contemplan. Apostemos por ello, con ganas, sin complejos, lo cual no quiere decir que cerremos las puertas a la innovación culinaria, pero respetando siempre las bases del producto interior.

 

Que a veces, tengo la sensación, se nos va la pinza con platos muy decorados y poca chicha. A veces recomendamos lo que podemos probar en la región vecina, olvidando o renunciando al universo de sabores que tenemos a la puerta de casa.

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