Silueta juliocesar original

A mí que me registren

Julio César Izquierdo

No estoy ni me sospecho

Nada de nada. Tocarse los pies. Que siempre será mejor que te los toques tú a que te los anden tocando otros. Bueno, en esto hay opiniones, no se crean.

Sí. Así me pillan ahora. De asueto mientras ustedes leen. Mirando a las musarañas y perdiendo la vista en el horizonte a través de la ventana. Haciendo todo lo posible por no pensar, pasando de frentes abiertos y puertas cerradas. Dejando volar la imaginación frente a un café de media mañana, luciendo playeros que nunca hicieron deporte y ojeando un periódico en blanco y sin páginas. Hoy, ahora, han desaparecido las noticias pero no la actualidad. Estoy ajeno, pasando de todo por unas horas. Y es gratis.

 

Nada de nada porque todo de todo es muy complicado. Saboreando unos días breves que se pasarán de fecha y que caducarán como los yogures más exigentes. ¡Qué felicidad!

 

Ahora mismo estoy tirando el móvil al pozo seco de la indiferencia y el ordenador lo he llevado al punto más limpio y exacto que conozco: a la porra.

 

Desconozco también en qué punto anda la crisis -si es que tiene patas-, y tampoco tengo reloj porque la medida de las cosas pasa por la racionalización de los tiempos y claro, si quieres desconectar tienes que guiarte por las horas naturales que te salgan de.. de donde sea. 

 

Pues muy bien majos. Aquí estamos. Haciendo el agosto festivalero, disfrutando un ápice y medio de las patronales de lo rural, saludando al personal, descubriendo que hay vida en horarios que jamás hubieras soñado. Esas cosas que algunos ya hicieron en junio. Ya se sabe: todo llega, todo pasa.

 

Vaya plan. Y no parece malo de suyo.

 

En fin. Les dejo que seguro que están muy ocupados y tienen cosas que hacer, que tampoco es cuestión de estar perdiendo el tiempo con lectura livianas. Vayan ustedes mejor a la sección de economía, o a la de sucesos si son morbosos.

 

Lo peor de todo, y soy sincero, es que yo mismo estoy leyendo ya esta columna y me está dando una rubia supina. Es que la escribí cuando estaba de vacaciones y ahora ya estoy otra vez en el tajo y así no se puede. Me estoy dando una envidia que no puedo. Pensándolo mejor, lo borro todo.

 

Mejor no, que no se me ocurre nada. Cada cual que piense lo que quiera. Pues ya está. Al pan, pan y al vino, Marcelino.  

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