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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Las "caunadas" de cada uno

A Pili no le interesa lo que puedan pensar de ella, por eso es feliz, porque hace lo que quiere, sin meterse con nadie, aunque otros se metan con ella.

Antonio está hasta las pelotas de sus jefes, pero no tiene más remedio que aguantar como sea porque todavía le quedan quince años de hipoteca. Pero vamos, que cualquiera día se lía la manta a la cabeza y… y nada, el lunes otra vez a las ocho y a callar.

 

Amparo, po zí, tiene cuatro carreras y un master en económicas, aunque por alguna extraña razón, ella, como la de Valladolid, le ha dicho a su madre que quiere ser artista y protagonista. El cabreo en su casa es monumental.

 

Javier se ha vuelto de izquierdas, aunque no encuentra partido que se ajuste a sus demandas. Mientras tanto, anda de manifestación en manifestación y de oposición en oposición.

 

Loyola no es nada santa, pero sus amigos creen que es muy buena. El caso es que la moza está haciendo las maletas en busca de otros puertos y marineros que sepan distinguir el agua dulce de la salada.

 

Luis anda jubilado y se siente muy activo. Se compadece de sus colegas, ofuscados por la falta de obras en la ciudad. Al mal tiempo, buena cara y unos pinchos en la taberna más cercana. Pues ya está, y todos tan contentos.

 

Marisa no tiene prisa, caso contrario de su novio, que la quiera a todas horas… en casa y en la cocina. Marisa ya se ha marchado corriendo y al novio que le vayan dando.

 

Jorge pasa de todo y por eso no pasa de nada. Todo el día leyendo, escribiendo y argumentando que está por encima del mal y del bien.

 

Todos ellos han coincidido hoy en el parque. Unos con perro, otros muy canes. Ninguno ha entablado ni comunicación ni diálogo alguno. Simplemente se han imaginado la vida del prójimo, intentando descifrar cuánto hay de verdad y de tópico en el rostro ajeno. Y se les ha marchado la tarde, sacando conclusiones a la vera de un banco que ofrece intereses ocultos.

 

Es la vida misma, se han dicho para sus adentros, y cada uno ha seguido con sus "caunadas". Que tampoco conviene inventarse situaciones cuando las reales suelen superar, con creces, a las ficticias.

 

Punto pelota. Zapatero a tus zapatos y si están en oferta, mejor que mejor. Se levanta la sesión.

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