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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

¿Hay alguien ahí?

Cada vez será por una cosa, pero nunca sobrarán ni faltarán los motivos. Lo que está claro es que algunos temas no se explican bien o se argumentan a medio gas, con poco fuelle, como entredientes, como diciendo sin decir. Lo estamos viendo a menudo y con frecuencia. Vamos, que no se entera uno de nada.

Y es que todo lo que tenga que ver con el medio rural supone una pesadilla tanto para las instituciones como para la clase política en general, que a lo mejor se creen que todo el monte es orégano. Reconozco que tenemos mucho territorio ocupado por muy poca gente, que reclama, faltaría más, sus derechos, puesto que las obligaciones son las mismas que los que moran en el ámbito urbano.

 

Un tema difícil, con la despoblación como caballo de batalla y con la ordenación del territorio como adjetivo calificativo, pero que necesita de más sustantivos para que se comprenda en su justa medida.

 

El caso es que se habla de todo ello más que nunca, quizás porque el disputado voto del señor Cayo es cada vez más duro de roer y, tengo la sensación, de que las auténticas decisiones sobre lo que se piensa hacer en el agro ya están más que decididas y nos dirán lo de "aquí tienes las lentejas".

 

Por lo demás, ya lo sabemos, cada cual habita y mora donde quiere o puede, pero no es de recibo que se tengan que batallar servicios básicos, que en lo único que se traducen es en cruces de acusaciones entre gobernantes y miembros de la oposición. Tomar decisiones por consenso en estas lides sería muy conveniente y oportuno, no vaya a ser que las terceras vías se conviertan en alternativas reales y luego vengan sus llantos.

 

E insisto, no es fácil ni sencillo, pero convendría escuchar a quienes tienen algo que decir, salir de los despachos y de las ruedas de prensa, tomar el pulso de la sociedad que se dice, sabiendo separar el grano de la paja.

 

Claro que, a todo ello, deberemos sumar la crisis tan llevada, la indignación de algunos y los fingimientos de otros, que haberlos haylos. Y habrá que agudizar el oído y esperar un tiempo para ver qué derroteros nos devienen, aunque sospecho que, como siempre ocurrió, el pez grande se coma al chico. Que lo rural, por muy de moda que se ponga, tiene un futuro incierto que nadie barrunta. O sí.

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