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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Compremos de lo nuestro y apostemos por lo cercano

Como ahora somos más europeos que nunca y ya hemos descubierto que además de recibir también saben darnos, pues ha llegado la hora de apostar por lo nuestro.

Claro que sí, como buenos ciudadanos del mundo que somos - con Noel en la saca de las promociones heredadas-, estamos en el momento exacto de reivindicar lo cercano. Es decir, lo de casa en la mesa, con letras bañadas en oro y anuncios publicitarios para que quede claro. En estos días lo vemos: se premia la fidelidad al comercio local, ya sea capitalino o provincial. Ahora, con el iPhone en la mano y la hortaliza en la otra, rogamos al consumidor que se tire a la piscina del productor próximo.

 

Que tenemos lechazos sin acento y cochinillos más limpios que el jaspe. Me parece bien, ya era hora. Buena miel, mejor vino, espumosos elegantes, capones de primera, leche natural. Porque son productos de calidad y, porque adquiriendo lo nuestro, estamos garantizando el futuro de muchos agricultores, ganaderos, tenderos, repartidores, vendedores de maquinaria…

 

Lo cual no quiere decir que tengamos que cerrarnos en banda, sea dorada o azul, que la cesta de la compra también pide otras viandas, y no todas son de comer, que vista está la necesidad que tienen los trabajadores de otros sectores, ya sean peluqueros, camareros, cajeras, camioneros, dependientas, autónomos varios, gasolineros, albañiles, azafatas, estanqueros… Vamos, que visto el panorama - y proliferando la solidaridad como churros-, conviene confiar en lo inmediato porque nos afecta y repercute a todos.

 

Que queda muy bien la apuesta plural y de abanico amplio, pero si otros juegan sus bazas nosotros no podemos ser menos. Nada de complejos: firmeza es lo que toca. Y efectivamente, hay cosas que no tenemos por estos lares, pero también es verdad que habrá menos de todo si no creemos en lo que tenemos a la puerta de casa. A lo que habría que sumar la conveniencia de apostar por las empresas de todo tipo que tenemos en el entorno, que a veces ocurre que buscamos fuera lo que ya tenemos a la vuelta de la esquina, quizás porque parecen más profesionales, aunque todos estudien en la misma universidad donde nada regalan.

 

Consumir de lo nuestro resulta conveniente para evitar cerrojazos, llantos y lágrimas.

 

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