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A las duras y a las maduras

José Alberto González
Blog sobre actualidad, política y otros menesteres.

Aires de cambio

Este extraño aquelarre del domingo, que se produce aproximadamente cada cuatro años puede ser definitivo, y en el aire flota esa extraña sensación de cambio de ciclo y de que nada volverá a ser como antes en el panorama político salmantino.

El ambiente es el que es y de nada sirve ocultarlo. No se puede tapar que el alcalde durante los últimos cuatro años y candidato de nuevo a la alcaldía de Salamanca no ha colgado su foto en banderolas inundando las avenidades de la ciudad, o que las gaviotas han volado a otros cielos, o que el fondo azul 'pepé' ha desaparecido del todo por un sobrio gris 'nosequé'. Vamos, que se averguenza y se esconde para evitar ser criticado por la lluvia ácida que el gobierno de los suyos ha repartido entre los más débiles en estos últimos años. 

 

Que este profesional de la política ha hecho un amago de brega electoral cuerpo a cuerpo con colectivos debidamente aleccionados, sumisos y poco conflictivos, a los que se da por seguro que no discutirán el régimen establecido y que el PP, el rey del miedo, es el que más aterrado está por lo que pasará este domingo.

 

No se puede esconder que el opositor reincidente, esta vez con carnet socialista, está lastrado por un lado por su propio equipo, impuesto a su pesar y agotado en mil batallas siempre perdidas, y por el otro con el acoso de una izquierda más plural y fragmentada que nunca que roba votos a mordiscos allá donde puede. Poco consuelo ha de tener por mucho que por la calle haya quien le grite eso de !qué buen alcalde para Salamanca serías!, cuando a continuación resuena la coletilla "si no fuera por tu partido"...

 

Y no se puede ocultar que la deriva 'encuestista' de los naranjas los va a llevar derechitos a ocupar y liderar una bancada que ha permanecido vacía desde la salida de IU del ayuntamiento salmantino hace más de tres lustros. Estarán acompañados a distancia por los herederos del 15-M y el descontento juvenil,que en nuestra ciudad invitan a 'ganar Salamanca'. Y quién sabe si a fuerza de verse sentados en el mismo banco no acaben compartiendo más hechos que deseos y esta nueva legislatura nos asombre con pactos imprevisibles y alcaldes a los que no les gusta llevar corbata y chófer.

 

Es la hora de que todo cambie y al tiempo todo permanezca inalterable, porque en apenas 12 horas de urnas abiertas, deglutiendo votos, se producirá un cambio asombroso que el día siguiente dejará otra vez todo en su sitio. Cientos de desencantados pondrán en el lugar que merecen a otros tantos encantados de haber ocupado su sillón y sus prebendas. Y cientos de esos encantados se acostarán sabiendo que otros tantos desencantados no han podido apearles de sus privilegios.

 

Todos contentos, o todos descontentos, según se mire, comenzarán el lunes 25 con la sensación ilusoria de que se ha celebrado la fiesta de la democracia... Benditos. No hay más fiesta que celebrar que aquella que revierte lo defectuoso y ahoga en el fondo del agua lo putrefacto y pernicioso para la sociedad. Si nada de esto sucede, si los que se quedan, como los que llegan por primera vez, no vuelven a trabajar la tierra para quien se la entregó, nada habrá que celebrar.

 

Si al terrateniente no se le ha visto mancharse las manos en cuatro años, y al capataz que lo vigilaba lo hemos pillado las más de las veces durmiendo la siesta bajo el aliso, sólo puede esperarse que el joven peón y el esforzado trabajador que nunca pensó en rebelarse, lo hagan y con todas las consecuencias. Y así, diremos alto y claro eso de, ya no son nuestros amos, ya no les respetamos, no vamos a darles más de comer con nuestro trabajo. Que digo yo que eso supone que nuestra opinión valga para algo, aunque solo sea una vez cada cuatro años...

 

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